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El embarazo

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Aborto

El aborto espontáneo se define como la finalización espontánea de la gestación antes de las 20 semanas de embarazo. El aborto precoz sucede antes de las 12 semanas y el tardío después de esa fecha. La causa más frecuente de abortos son las malformaciones embrionarias o alteraciones cromosómicas. En muchos casos es muy difícil identificar la causa exacta del aborto, pero sí que existen algunos factores de riesgo.

El factor de riesgo más importante es la edad materna, pasando de un riesgo de un 12% aproximadamente a los 20-30 años, a un 15% entre los 30-35, un 25% a los 35-40 y entre un 30-50% a partir de los 40 años.

Los abortos previos pueden aumentar el riesgo de aborto posterior. Aunque después de un solo aborto la modificación del riesgo es mínima, después de 2 episodios el riesgo es de un 25% y después de 3 es de un 45%.

Algunos hábitos como el tabaquismo, la ingesta de alcohol, y el exceso de café (más de 5 tazas al día) aumentan el riesgo de aborto. Ciertas patologías maternas aumentan el riesgo de aborto, como malformaciones uterinas o alteraciones de la coagulación sanguínea.

La amenaza de aborto se define como el sangrado genital durante el principio de la gestación, con un cuello uterino no modificado, sin dilatación, y con una ecografía que corresponde con la imagen esperada en caso de normalidad. Ocurre en un 20-25% de las gestantes y si se observa latido cardíaco en la ecografía en más de un 90% de casos el pronóstico es bueno. Este sangrado no aumenta el riesgo de malformaciones fetales. El tratamiento de la amenaza de aborto, en ausencia de factores de riesgo, es el reposo relativo y la abstinencia sexual.

El aborto en curso se diagnostica cuando la mujer presenta sangrado, dolor abdominal y dilatación del cuello uterino. El útero está produciendo contracciones que llevarán a la expulsión del embrión inevitablemente. Si la expulsión del material gestacional se produce en su totalidad, comprobado por ecografía, se diagnostica de aborto completo sin precisar tratamiento posterior. Si por el contrario no se ha expulsado todo el tejido gestacional se trata de un aborto incompleto y es necesaria la realización de un legrado posterior para evitar la hemorragia.

El aborto diferido es aquel en que no se expulsa tejido gestacional por vagina pero se constata una interrupción de la gestación por ecografía. El tratamiento en estos casos suele ser la realización de un legrado uterino o bien puede ser expectante, aunque esta última opción suele ser difícil psicológicamente para la mujer y con cierto grado de riesgo de alteración de la coagulación.

Debe siempre recordarse la administración de la gammaglobulina antiD en las pacientes Rh negativas que sufren un aborto. Tras un aborto, tanto sea completo como tras la realización de un legrado, se recomienda un periodo de unas 2-3 semanas de abstinencia sexual, evitar baños y el uso de tampones. Si todo evoluciona correctamente se puede buscar un nuevo embarazo pasados al menos unos dos meses.

El huevo huero o gestación anembrionada es una entidad en la que se observa el saco gestacional en la ecografía pero sin visualizarse el embrión ya que este se ha detenido muy precozmente o bien no se ha desarrollado. A partir de un saco gestacional de 15-20 mm sin embrión en su interior debe sospecharse un huevo huero. Su tratamiento es el mismo que el del aborto diferido.

Si se producen tres o más abortos espontáneos se recomienda realizar un estudio de los dos miembros de la pareja para poder descartar alteraciones que predispongan a esta patología y que sean tratables.

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Dra. Inés Bombí
Especialista en Ginecología y Obstetricia
Médico consultor de Advance Medical