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Anemia ferropénica

¿Qué es?

Las células requieren del aporte de oxígeno para su correcto funcionamiento. Los encargados de llevar oxígeno a los tejidos son los hematíes, también llamados eritrocitos o glóbulos rojos. En su interior se halla una proteína compleja, la hemoglobina, que es la que transporta el oxígeno y el dióxido de carbono que se intercambian en los alveolos pulmonares. Parte de esta proteína es el grupo hemo, formado por un núcleo de hierro, que tiene la capacidad de unirse de forma reversible al oxígeno.

Si por la causa que sea existe un déficit de la disponibilidad de hierro en el organismo, disminuye la producción de hematíes, situación que recibe el nombre de anemia por falta de hierro o ferropénica.

¿Cómo se produce?

La falta de hierro es la causa más frecuente de anemia. Los valores normales de hierro en el organismo son de unos 50-55 mg por kg de peso en el hombre y de unos 35-40 mg por kg de peso en la mujer. La ingesta de hierro diaria suele ser de entre 10 y 30 mg, de los cuales solamente 1 mg se absorbe a nivel del duodeno y el yeyuno proximal y medio. Una vez absorbido, pasa a la sangre unida en su mayor parte a una proteína transportadora, la transferrina, aunque una porción menor se une a otra proteína llamada ferritina, que permite valorar los depósitos de hierro del organismo. El hierro llega a los precursores de los hematíes en la médula ósea y pasa a formar parte del grupo hemo, que luego se unirá a unas proteínas para formar la hemoglobina. El hierro que no se use quedará depositado en los macrófagos en forma de ferritina y hemosiderina.

La anemia ferropénica puede ser debida a tres causas principalmente:
un descenso del aporte de hierro en la dieta.
 

Una disminución de la absorción del hierro a nivel del aparato digestivo por diferentes causas, como pueden ser una menor producción de jugos gástricos (que favorecen la absorción del hierro a nivel intestinal), enfermedades de absorción como por ejemplo la celiaquía, o bien cirugías que afecten al estómago.
 

Un aumento de las pérdidas de sangre, como pueden ser sangrados gastrointestinales crónicos, menstruaciones abundantes, otras pérdidas ginecológicas o bien el embarazo, dado que el feto utiliza 2/3 del hierro que absorbe la madre.

Síntomas

Los síntomas de la anemia ferropénica son los clásicos de un síndrome anémico, a saber, palidez de piel y mucosas, astenia, disnea, palpitaciones, cefalea, falta de concentración, irritabilidad, insomnio o descenso de la libido, consecuencias de la mala oxigenación de los tejidos.

Asimismo, la anemia ferropénica puede presentar alteraciones que le son propias, como por ejemplo:
estomatitis angular (boqueras)
glositis (inflamación de la lengua)
ocena (atrofia de la mucosa nasal anterior)
coiloniquia (deformación de las uñas en forma de cuchara)
disfagia (que en este caso se conoce como síndrome de Plummer-Vinson)
neuralgias
parestesias
formación de un anillo esofágico que dificulta la alimentación (anillo de Chaski)

En función de si la anemia se ha producido de forma rápida, por un sangrado agudo, o más solapada, por una falta de absorción o un sangrado crónico, los síntomas serán más o menos aparentes y se tolerarán mejor o peor, pues el cuerpo se habitúa a trabajar a menores niveles de oxigenación.

Diagnóstico

El diagnóstico se basará en el interrogatorio del paciente y los datos analíticos. Conviene detectar síntomas de cansancio, palidez, disnea, cefalea u otras alteraciones neurológicas. Asimismo, se debe investigar la presencia de sangrados crónicos digestivos, ginecológicos o urológicos que puedan causar una anemia por falta de hierro. Del mismo modo, se realizará una valoración de la dieta que lleva el paciente y de su ritmo intestinal.

Ante la sospecha de anemia se realizará una analítica de sangre completa, que debe incluir hemograma, bioquímica básica y las proteínas que intervienen en el metabolismo del hierro, es decir, la transferrina, la ferritina y el propio hierro en sangre. En caso de sospechar una pérdida oculta de sangre se deberán realiza pruebas de despistaje de sangrado a nivel digestivo, urológico o ginecológico.

En la analítica de la anemia ferropénica se apreciará un descenso de los niveles de hemoglobina normales. Característicamente los hematíes de la anemia por falta de hierro se hacen más pequeños y contienen menor cantidad de hemoglobina; esto se valora con unos parámetros concretos, que son el volumen corpuscular medio (VCM), que valora el tamaño medio de los hematíes, y la hemoglobina corpuscular media (HCM), que mide la cantidad media de hemoglobina por hematíe. Dado que existe un descenso tanto del VCM como de la HCM, se clasifica la anemia ferropénica como una anemia microcítica (células más pequeñas) e hipocroma (menor cantidad de hemoglobina).

Los niveles de hierro en sangre, lo que se conoce como sideremia, serán bajos, inferiores a 100 mg/dl, así como la ferritina sérica, que de hecho es el primer parámetro que se altera y que permite valorar los niveles de las reservas de hierro en el organismo. La transferrina sérica está elevada, por encima de 300 mg/dl, dado que se aumenta para intentar compensar la falta de hierro, pero su capacidad de unirse a él está disminuida.

También se valorarán los reticulocitos en sangre, es decir, las formas jóvenes de hematíes existentes en sangre, que en este caso estarán elevados, así como un parámetro que se denomina índice de distribución de los hematíes (IDH), que cuantifica la diferencia de tamaño entre los hematíes, lo que se conoce como anisocitosis; en el caso de la anemia ferropénica el IDH se hallará elevado.

Es adecuado realizar un frotis de sangre periférica para poder estudiar las posibles alteraciones de la forma de los hematíes, que en el caso de la anemia ferropénica se verán pequeños, como ya se ha comentado.

La prueba de confirmación de la anemia ferropénica la daría una biopsia de médula ósea, que permitiría estudiar los hematíes en formación, pero esta prueba no se realiza casi nunca, pues los hallazgos analíticos permiten diagnosticar con precisión una anemia por falta de hierro.

Tratamiento

El tratamiento constará de dos enfoques: por un lado suplir la falta de hierro que padece el paciente y por otro solventar, a ser posible, la causa que lo origina.

Se administrará tratamiento con sales ferrosas vía oral durante un tiempo prolongado, hasta poder normalizar las reservas del organismo, que se valorarán mediante la determinación de la ferritina. El tratamiento debe mantenerse unos dos o tres meses.  El hierro puede administrarse intramuscular o intravenoso en caso de intolerancia a la vía oral, falta de absorción o enfermedad intestinal inflamatoria crónica.

En caso de anemias graves, con mucha sintomatología o niveles muy bajos de hemoglobina, por debajo de 7, se deberá trasfundir al paciente.

Se debe intentar determinar la causa de la anemia y corregirla. Si hay una falta de aporte en la dieta se debe reforzar la ingesta de carne roja. En caso de pérdidas crónicas digestivas, ginecológicas o urológicas se deberá consultar al especialista para intentar solventarlas.

Medidas preventivas

Se debe prevenir la ferropenia con un correcto aporte del hierro en la dieta, sobre todo con carnes rojas y algunas verduras, aunque su proporción en estas es mucho menor.

 

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Dr. David Cañadas Bustos
Especialista en Medicina General
Médico consultor de Advance Medical