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Cáncer de cuello de útero

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La prevención del cáncer de cuello uterino se puede hacer de dos formas. La prevención primaria es la prevención del contagio de VPH, es decir evitar contraerlo. Para ello deben evitarse los hábitos de riesgo, y puede administrarse la vacuna del VPH. La prevención secundaria se basa en un control ginecológico adecuado, en el que se realicen las citologías y exploraciones periódicamente. El factor de riesgo más importante para tener un cáncer invasor de cuello uterino es la no realización de controles ginecológicos.

La importancia de la realización de estos controles radica en el hecho de que la infección por el VPH la mayoría de veces es asintomática y puede pasar inadvertida hasta que la lesión sea grave. En la revisión ginecológica anual se realiza la citología que es la prueba que evalúa las células desprendidas del cuello de la matriz. La toma de la muestra no precisa de ninguna preparación especial más que no tener la regla en ese momento y abstinencia de relaciones sexuales las 48 horas previas. Es también aconsejable no usar tratamientos en cremas u óvulos los 5 días previos.

Para la obtención de esta muestra el médico introduce cuidadosamente un espéculo estéril en la vagina hasta llegar al cuello del útero. Se desliza una espátula de madera o plástico, primero sobre el fondo de saco de la vagina, después sobre la porción externa del cuello, el exocérvix, y después de introduce un pequeño algodón o cepillo en la zona del endocérvix, la canal del cuello uterino que comunica el interior de la matriz con la vagina. Las células obtenidas en estas tres muestras se colocan en un pequeño cristal que se envía al laboratorio para su estudio microscópico.


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El resultado de la citología puede ser muy diverso.
  • Normal: Hay varios resultados diferentes que pueden considerarse normales según las características de cada mujer. Durante la vida de la mujer se presentan diferentes etapas que producen cambios distintos en el cuello de la matriz.

Durante la etapa fértil los cambios hormonales producen una maduración en las células del cuello de la matriz que llamamos trofismo. En las pacientes menopáusicas, que no tienen ciclos hormonales esta maduración desaparece y se le llama entonces patrón atrófico. En algunos casos podemos recibir un resultado en que esté presente un cierto grado de inflamación. No es un resultado preocupante en absoluto y el médico es quien debe decidir si es necesario hacer tratamiento o no. Hay dos tipos de epitelio distinto en el cuello uterino, uno glandular en el endocérvix3, y otro epitelio plano estratificado en el exocérvix2, pero cuando el epitelio glandular queda expuesto a la vagina se produce un fenómeno de metaplasia, que no supone ninguna alteración patológica, simplemente es un cambio en las células que las protege de estar en un lugar diferente al suyo original. Por ello muchas veces se informa de la visualización de células metaplásicas y endocervicales normales. Además pueden observarse bacilos de Döderlein, que son las bacterias que viven normalmente en la mucosa de la vagina y que ayudan a mantenerla con un ambiente ácido que protege de infecciones. El objetivo principal de la citología es el estudio de las células del cuello uterino, pero secundariamente evalúa también la presencia de infecciones vaginales producidas por hongos o bacterias.

  • ASCUS: abreviatura de células escamosas atípicas de significado indeterminado. Son células de apariencia curiosa que no estamos seguros de lo que significan. En algunas ocasiones se producen por una infección por el VPH pero no en todos los casos. El médico decidirá cuándo debe hacer el siguiente control o bien si quiere realizar una colposcopia.
  • SIL de bajo grado (L-SIL): lesión escamosa intraepitelial de bajo grado. Se observa una lesión en las células del cuello uterino, que adoptan formas anormales. Estos cambios son iniciales en tamaño y forma en las lesiones de bajo grado. La mayoría de estos casos regresan solos a la normalidad, sin necesidad de tratamiento, pero precisan de un control estricto.
  • SIL de alto grado (H-SIL): Los cambios celulares son más importantes que en el SIL de bajo grado. En esta situación hay más riesgo de desarrollar una lesión maligna por lo que debe hacerse un tratamiento.

Para la detección del VPH se realiza una toma de muestra del cuello de la matriz como la toma del endocérvix en la citología. Esta muestra se coloca en un tubo especial y en el laboratorio se busca si contiene ADN de VPH de alto riesgo. El resultado indica si es positivo para ADN de virus de alto riesgo o negativo.
 

vacuna vph

Parte de la prevención primaria del cáncer de cuello uterino se realiza con la vacuna del VPH. No es una vacuna contra el cáncer en sí mismo sino contra la infección por determinados tipos de VPH. El hecho de que sea un cáncer que precisa de la infección por este virus ofrece la posibilidad de prevención del contagio del mismo, pero con algunas limitaciones que deben tenerse en cuenta. Las vacunas no contienen virus como tales sino que contienen partículas similares al recubrimiento exterior de los virus sin tener el ADN del virus en su interior y por tanto sin posibilidad de infectar ni de producir lesiones como las del virus. Una vez administrada la vacuna las partículas activan una respuesta inmunitaria fuerte, de forma que el cuerpo produce anticuerpos que reconocerán y atacarán el recubrimiento exterior del virus en caso de contacto con él, y así el virus no podrá producir enfermedad.

Actualmente existen dos vacunas diferentes en el mercado, la bivalente y la tetravalente. La bivalente protege contra los serotipos 16 y 18 y la tetravalente contra los 16,18, 6 y 11. No todos los VPH están incluidos en la vacunación, pero sí los responsables del 70% de los cánceres de cuello uterino (el 16 y 18) y los responsables del 90% de los condilomas (6 y 11).  La vacuna no es curativa, si en el momento de la vacunación la mujer ya está infectada por alguno de los tipos de VPH incluidos en la vacuna, la mujer quedará protegida con un 100 % de eficacia frente a los otros tipos de VPH de la vacuna, pero no frente a los que ya estaba infectada.

La vacuna está recomendada en adolescentes entre 9 y 15 años y en mujeres de 16 a 46 años. Idealmente para conseguir el máximo potencial preventivo debería ser administrada antes del inicio de las relaciones sexuales. La pauta de administración es de tres dosis intramusculares, se recomienda el siguiente esquema: 0, 2, 6 meses, pero siempre a tener en cuenta que no debe pasar menos de un mes entre las dos primeras ni de tres meses entre la segunda y la tercera. La pauta debe completarse en un periodo máximo de un año. Como efectos secundarios puede producir enrojecimiento, molestias musculares leves o fiebre.

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Dra. Inés Bombí
Especialista en Ginecología y Obstetricia
Médico consultor de Advance Medical