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Cáncer de testículo

¿Qué es?

El cáncer de testículo no es un tumor muy frecuente, afecta solamente al 1-2% de la población masculina, con mayor incidencia entre los 15 y los 35 años, siendo la enfermedad neoplásica más frecuente en varones entre estas edades tras las leucemias. Gracias a los nuevos avances tanto en el diagnóstico como en el tratamiento, el cáncer de testículo presenta una tasa de curación de aproximadamente el 90%.

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¿Cómo se produce?

No existen unos factores de riesgo claros para los tumores de testículos. Cabe decir que el hecho de presentar un testículo no descendido de la cavidad abdominal al escroto puede suponer un aumento del riesgo de padecer un tumor testicular. Se recomienda descenderlos antes de los dos años de edad. Si se llega a la adolescencia y no se han descendido, sería aconsejable extirparlos para evitar la aparición de tumores testiculares. Otros factores de riesgo pueden ser las hernias inguinales o la exposición a radiaciones.

Es importante destacar que existen diversos tipos de tumores testiculares en función de las células que los forman. El 95% de los tumores testiculares derivan de células germinales, es decir, de las células que dan lugar a los espermatozoides maduros. Dentro de estos tumores cabe diferenciar dos grandes grupos con implicaciones terapéuticas distintas:

  • seminomas, que son el tipo de tumor testicular más frecuente y que presenta una elevada respuesta a la radioterapia.
  • no seminomas, siendo el teratocarcinoma y el carcinoma embrionario el segundo y tercer tipo de tumor testicular más frecuente respectivamente. Otros tumores no seminomas son el tumor del seno endodérmico, el coriocarcinoma o el teratoma.

El 5% restante de los tumores testiculares derivan de células de tejido de soporte del testículo, o bien son linfomas o metástasis de otros tumores primarios.


Síntomas

El principal y en ocasiones único síntoma de un tumor testicular suele ser la existencia de una masa escrotal, unilateral y no dolorosa, que aumenta de tamaño progresivamente. Otros síntomas mucho menos frecuentes son la aparición de adenopatías inguinales, la presencia de ginecomastia o en el caso de los niños la aparición de signos físicos de pubertad precoz.

Un 10% de los tumores se puede presentar como lo que se conoce como un escroto agudo, es decir, la aparición brusca de un dolor intenso a nivel escrotal con aumento del tamaño de éste y signos de inflamación como rojez de la piel y aumento de la temperatura de la zona. Sin embargo, las principales causas de un escroto agudo son las orquitis y las torsiones testiculares.


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Diagnóstico

El tumor testicular debe sospecharse en todo paciente que explique la aparición de una masa testicular. El diagnóstico inicial se basará en la exploración física, palpando una masa unilateral testicular o un aumento global del tamaño testicular sin dolor a la palpación ni otros síntomas asociados, como molestias al orinar o fiebre.

Es esencial la realización de una analítica de sangre para valorar dos hormonas que suelen estar elevadas, la alfafetoproteína (AFP) y la betagonadotrofína coriónica humana (βHCG). La AFP se encuentra elevada en el 70% de los tumores no seminomas, mientras que nunca está elevada en los seminomas. La βHCG se eleva en el 70% de los tumores no seminomas y en el 5% de los seminomas.

La realización de una ecografía permitirá delimitar los bordes y el tamaño del tumor, así como diferenciarlo de lesiones quísticas. El estudio de extensión se realizará mediante una tomografía axial computadorizada (TAC) toracoabdominal. Es un tumor que rara vez se disemina por sangre salvo en el caso del coriocarcionoma.

Tratamiento

El tratamiento será diferente en función del tipo de tumor y del grado de extensión. En todos los casos es necesario extirpar el testículo afecto (orquiectomía). En los seminomas se realizará radioterapia posterior en caso de afectación ganglionar, mientras que en los no seminomas además de la orquiectomía se realizará una extirpación ganglionar en estadios avanzados y en ocasiones se deberá administrar quimioterapia. En casos avanzados, tanto de tumores seminomas como no seminomas, se realizará quimioterapia previa a la intervención y luego, si quedan restos, se puede hacer otra tanda de quimioterapia.

En los casos menos graves, sin afectación ganglionar, se tiende a hacer un seguimiento al paciente y ver cómo evoluciona para intentar evitar dentro de lo posible someterle a radioterapia en el caso de los seminomas o a la linfadenectomía o la quimioterapia en el caso de los tumores no seminomas.

La supervivencia a los 10 años de los seminomas es del 80-95%, mientras que la de los tumores no seminomas es del 90-100%.

En muchos casos y por motivos estéticos se puede colocar una prótesis intraescrotal para suplir la gónada extirpada.

Medidas preventivas

No existen medidas preventivas salvo el hecho de hacer descender en la infancia o extirpar en la adolescencia los testículos intraabdominales no descendidos.

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Dr. David Cañadas Bustos
Especialista en Medicina General
Médico consultor de Advance Medical