Enfermedades

Endocrinología y nutrición

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Introducción

¿Qué es?

La diabetes mellitus es un grupo heterogéneo de enfermedades que tienen en común de azúcar en sangre (hiperglucemia) de forma mantenida.

Enfermedades por aparatos. Endocrinología y nutrición. Diabetes mellitas. Introducción
¿Cómo se produce?

En el páncreas hay un tipo de células, las células beta, que fabrican la hormona llamada insulina. En condiciones normales, las células beta fabrican y vierten a la sangre insulina de forma continuada para que las cifras de azúcar en sangre no oscilen y se mantengan dentro de unos límites. La insulina hace que el azúcar pueda entrar en todos los tejidos del organismo.

En situaciones en las que aumenta la cantidad de azúcar en sangre, por ejemplo, si nos tomamos un helado, las células beta secretan una mayor cantidad de insulina para hacer frente a esa subida de azúcar; la mayor cantidad de insulina hace que el azúcar pueda ser captado por los tejidos y así se normalice el azúcar en sangre. De igual forma, si hacemos una actividad física, por ejemplo, media hora de natación, las células beta disminuyen la fabricación y liberación de insulina dado que con el ejercicio físico los tejidos cogen más fácilmente el azúcar y así necesitaremos menos cantidad de insulina para tener las cifras de azúcar en valores normales.

Es muy importante tener el azúcar en sangre dentro de estos límites de “normalidad”.  Valores de azúcar muy bajos (hipoglucemia) hacen que nuestro cerebro no tenga alimento para funcionar; y de igual forma, valores muy altos (hiperglucemia) hacen que el cerebro no funcione correctamente por excesiva saturación de azúcar. La normalidad del azúcar en sangre se ha establecido en valores de 70-110 mg/dl (= 3'9-6'1 mmol/L).
Hay dos grandes tipos de diabetes dependiendo de cómo se produce la hiperglucemia: por deficiencia de la fabricación de insulina o por dificultad de la utilización del azúcar por los tejidos o por ambas.

  • Diabetes mellitus tipo 1: En ella hay una falta de fabricación de insulina por las células beta del páncreas debido a una destrucción de dichas células.
  • Diabetes mellitus tipo 2: Inicialmente hay una dificultad de los órganos y tejidos del cuerpo para utilizar el azúcar (los órganos y tejidos son resistentes a la acción de la insulina; es lo que llamamos “insulinorresistencia”). Posteriormente, se añade la falta de fabricación de insulina por las células beta.

Además, existen otras formas menos frecuentes de diabetes:

  • Diabetes mellitus gestacional: Como su nombre indica es una diabetes que aparece durante el embarazo en una mujer que no tenía previamente diabetes. Se presenta en el 4% de los embarazos. En la gran mayoría de las mujeres desaparecen las cifras altas de azúcar en sangre tras el parto, pero estas mujeres tienen un riesgo alto de tener diabetes en los siguientes años. Por eso, podríamos considerarla como la fase inicial de una diabetes mellitus tipo 2 y donde el embarazo podría ser el elemento que la pone de manifiesto.
  • Otras formas de diabetes, mucho más raras, son aquellas debidas a defectos genéticos que afectan a la función de la célula beta o a la acción de la insulina, a lesiones del páncreas (ausencia de las células beta desde el nacimiento, pancreatitis crónica, tumores pancreáticos, etc.), a fármacos como los corticoides, a la presencia de hormonas contrarias a la acción de la insulina (acromegalia, síndrome de Cushing, feocromocitoma, glucagonoma), etc.


Antes de la instauración de la diabetes como tal, es decir, antes de que aparezca la hiperglucemia con sus síntomas típicos (ver después), la enfermedad pasa por una fase de leves alteraciones del azúcar en sangre y pocos o nulos síntomas debidos al aumento del azúcar. En la diabetes tipo 1 esta fase acostumbra a ser muy breve, de manera que rápidamente la hiperglucemia produce síntomas y se hace el diagnóstico. En la diabetes tipo 2 suelen pasar varios años antes de que los síntomas lleven a su sospecha y a su diagnóstico.

Si pudiésemos ver al individuo con diabetes tipo 2 antes de que la diabetes esté instaurada, observaríamos que hay una primera fase en que las cifras de azúcar están sólo ligeramente por encima del valor normal en el análisis de sangre; hablamos de un trastorno de la glucosa en ayunas. Si a ese individuo le sometemos a una prueba de sobrecarga de azúcar (administramos 75 g de glucosa por vía oral y determinamos el nivel de azúcar en sangre 2 horas después) en este momento aún sería normal. Más adelante, la prueba de sobrecarga de azúcar saldría alterada, pero el paciente no tendría síntomas o éstos serían muy leves o poco marcados; hablamos de alteración de la tolerancia a la glucosa. Estos estados los podríamos definir como de prediabetes. En una fase posterior aparecen los síntomas debidos a la hiperglucemia mantenida y, si se hace un análisis de sangre, el azúcar está persistentemente alto (no necesariamente muy alto); llegamos a la fase de diabetes manifiesta.

Es importante detectar estos pacientes con alteraciones del azúcar pero aún sin el diagnóstico de diabetes porque presentarán, con mayor frecuencia que la población general, las complicaciones que se ven en la diabetes: hipertensión, alteraciones de las grasas de la sangre, mayor tendencia a la trombosis y, especialmente, enfermedad cardiovascular y muerte por ella. Un porcentaje de estos individuos prediabéticos evolucionan hacia una diabetes clínica en los 10-15 años siguientes, pero otra parte no progresan hacia la diabetes o incluso revierten a la normalidad, especialmente si adelgazan y mejoran su estilo de vida (principalmente en lo que se refiere a alimentación y actividad física).
La diabetes mellitus afecta a un gran número de personas en todo el mundo. Aproximadamente un 3-6% de la población española es diabética. La más frecuente es la diabetes mellitus tipo 2.

En ambos tipos de diabetes (tipo 1 y tipo 2) existe una predisposición genética a presentar la enfermedad, a lo que hay que sumar factores ambientales para que se presente la enfermedad. En la diabetes mellitus tipo 1 se encuentra, en la mayoría de los casos, la presencia de unos anticuerpos en sangre que van dirigidos selectivamente contra las células beta del páncreas; estos anticuerpos se llaman ICA. Se piensa que, en personas con cierta predisposición genética, la aparición de un factor ambiental como, por ejemplo, una infección vírica, activaría la producción de estos anticuerpos. En poco tiempo estos anticuerpos van a destruir las células beta y, con ello, van a desencadenar la aparición de la hiperglucemia y los síntomas asociados, es decir, la diabetes y la necesidad inmediata del tratamiento con insulina.
En la diabetes mellitus tipo 2, la predisposición genética es el principal factor relacionado con su aparición. Sobre este fuerte componentes genético, hay factores ambientales (como la obesidad, la mala alimentación y la falta de actividad física) que facilitan la aparición de la enfermedad. Lo primero que aparece es la resistencia de los tejidos (hígado, músculo y tejido graso) a la acción de la insulina: aunque hay insulina, ésta no consigue normalizar las cifras de azúcar en sangre. En consecuencia, las células beta del páncreas sintetizan y liberan a sangre mayor cantidad de insulina, lo que inicialmente consigue normalizar el azúcar. Con el paso del tiempo (años) las células beta acaban por ser incapaces de hacer frente a esta “insulinorresistencia” de los tejidos. Cuando ello ocurre aparecen los síntomas claros de diabetes.

Como hemos visto, la insulina tiene un efecto clave en el metabolismo de los hidratos de carbono; su ausencia produce aumento del azúcar en sangre. Pero la insulina también controla el metabolismo de las grasas y de las proteínas. El déficit de insulina se acompañará de aumento de triglicéridos y descenso del colesterol de las HDL.
 

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Dr. José Félix Meco
Especialista en Medicina Interna
Médico consultor de Advance Medical