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Epilepsia y nutrición

La epilepsia consiste en crisis convulsivas que se repiten de forma periódica en el tiempo pero cuya aparición es impredecible. Cada una de estas crisis la llamamos crisis epiléptica o crisis convulsiva o, simplemente, convulsión. Una convulsión no es más que una descarga eléctrica repentina, de gran intensidad y sincrónica de un grupo o de muchas neuronas cerebrales; van asociadas a una serie de manifestaciones clínicas por disfunción del cerebro. Se considera que las convulsiones se originan en la corteza cerebral, y no en ningún otro sitio. Dependiendo de la región de la corteza cerebral donde se origine la descarga neuronal, las manifestaciones clínicas serán diferentes: una alteración sensorial (por ejemplo, hormigueo en el dedo pulgar), una pérdida de la atención (por ejemplo, una ausencia), una alteración motora (por ejemplo, una contracción de una zona del brazo), una convulsión de todo el cuerpo, o bien ser una combinación de varios de estos síntomas.

Es muy importante entender que una convulsión aislada no siempre es una epilepsia. Es el caso de las convulsiones febriles. Algunos niños pequeños presentan una primera crisis convulsiva relacionada con la presencia de fiebre; según datos de la población americana, un 25-35% de estos niños volverá a presentar otra convulsión cuando vuelva a tener fiebre; sin embargo, sólo el 2-3% de ellos podrá ser diagnosticado de epilepsia en los años posteriores, lo que quiere decir que esos niños tendrán crisis convulsivas sin que exista un proceso febril subyacente.

La epilepsia es un trastorno frecuente y que afecta a individuos de todas las edades, aunque casi las dos terceras partes se inician en la infancia, principalmente en el primer año de vida. El otro grupo de edad donde aparece con frecuencia es la vejez.

Las convulsiones nacen en un punto concreto de la corteza cerebral, siempre el mismo y que se llama foco epileptógeno, y produce unas manifestaciones siempre iguales (son las llamadas crisis parciales); pero la excitación y la descarga eléctrica de las neuronas de este foco pueden extenderse hacia otras zonas contiguas y acabar afectando a la totalidad del cerebro (son las crisis parciales secundariamente generalizadas). En otras ocasiones, ya desde el principio se excita la totalidad de las neuronas de la corteza cerebral, tanto las del hemisferio cerebral derecho como del hemisferio cerebral izquierdo (son las crisis generalizadas). Ésta es una clasificación teórica de las crisis, pues en la práctica puede ser muy difícil diferenciar una crisis generalizada de una crisis parcial secundariamente generalizada. En un mismo paciente las convulsiones suelen ser siempre iguales, pero la presencia de cualquier factor o agente que facilite o bloquee a las neuronas que rodean al foco epileptógeno pueden hacer que la crisis varíe en su extensión y, por ello, en sus manifestaciones.

Como consecuencia de la descarga eléctrica de todo el cerebro, las funciones vitales como la respiración o el latido cardíaco pueden detenerse, pero en general, ello sólo ocurre durante unos segundos y no causa ningún deterioro físico. Sólo en casos excepcionales, puede sobrevenir la muerte a causa de la interrupción sostenida de la respiración, de la actividad cardíaca o por causa desconocida.

En muchos casos se desconoce la causa de la epilepsia. En algunos pacientes la epilepsia está motivada por algún tipo de alteración genética; es el caso, por ejemplo, de la epilepsia mioclónica juvenil. En otros casos la crisis epiléptica traduce la presencia de una lesión, como una malformación del desarrollo cerebral del feto durante el embarazo, un tumor o un traumatismo craneal previo que ha producido alguna lesión en el cerebro. En este capítulo nos referiremos sólo a las epilepsias en las que no hay lesión del cerebro, ya que en las formas secundarias el control pasa por el tratamiento de la lesión que causa la epilepsia.

Se describen diversos factores, algunos relacionados con la alimentación, que pueden desencadenar crisis en los pacientes epilépticos:

Falta de sueño

Intoxicación alcohólica aguda

Dejar de tomar alcohol en personas habituadas a ingerir cantidades importantes de alcohol

Hipoglucemias

Menstruación

Fármacos como los antidepresivos tricíclicos, los neurolépticos y otros

Fiebre

Estados de estrés emocional

No toma de la medicación antiepiléptica

Podemos modular la epilepsia y prevenir las crisis con la alimentación y la modificación del estilo de vida. Se trata de seguir las siguientes recomendaciones:

La alimentación debe ser variada, evitando dietas sin fundamento científico.

Debe prohibirse el consumo de alcohol, y sustituirlo por agua, zumos naturales de frutas e infusiones..

No está contraindicado el uso de excitantes como el té o el café.

Se debe seguir un horario de comidas regular.

Hay que mantener el descanso nocturno regular.

Un apartado aparte merece la dieta cetogénica. Estas dietas pretenden reproducir en el individuo los efectos del ayuno, es decir, inducir un estado de cetosis. Para ello se aporta un alto contenido en grasa y un bajo contenido de azúcares. La ingesta de cantidades importantes de grasa dará lugar a una oxidación incompleta de la misma, que generará cuerpos cetónicos (acetona, ácido acetoacético y ácido beta-hidroxi-butírico) de forma mantenida; estos cuerpos cetónicos parecen tener una acción de bloqueo de la excitación de las neuronas. La cetosis ha permitido controlar la frecuencia e intensidad de algunas convulsiones infantiles que no se pueden controlar con fármacos. Sin embargo, estas dietas se tienen que hacer bajo supervisión médica (neurólogo y nutricionista) y, de hecho, el inicio de las mismas debe hacerse con el paciente ingresado en el hospital. La dieta cetogénica, como todas las intervenciones médicas, no está exenta de efectos adversos, entre ellos: hipoglucemia, nefrolitiasis, hipocalcemia, infecciones, aumento del colesterol y los triglicéridos, náuseas y vómitos, estreñimiento, cambios en el comportamiento y pérdida de peso. Si la dieta es efectiva se mantiene durante dos años y luego se retira.

Para el control de la epilepsia, el neurólogo indicará tratamiento farmacológico. Hay varios tipos de fármacos que se pueden indicar; su elección dependerá del tipo de crisis. Algunos de ellos tienen interacciones con los alimentos. Algunas de estas interacciones son de importancia clínica:

La primidona y el fenobarbital aumentan el metabolismo de la vitamina D, mientras que la fenitoína también disminuye la absorción de calcio en el intestino. Suele limitarse a déficits analíticos, pero debe considerarse la indicación de tratamiento con vitamina D si aparece hipocalcemia.

La fenitoína y el fenobarbital estimulan la eliminación del ácido fólico, por lo que puede haber disminución del mismo en sangre. La fenitoína altera la absorción de folato. Aunque por lo general no está indicado dar suplementos de ácido fólico, excepto que ello tenga una traducción clínica como es la aparición de anemia.

El zumo de pomelo reduce el metabolismo de la carbamazepina; en consecuencia, el pomelo aumentará los niveles del fármaco en sangre.

La fenitoína y el ácido valproico reducen su absorción si se toma con alimentos, mientras que el diazepam aumenta su absorción si se toma con alimentos.

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Dr. José Félix Meco
Especialista en Medicina Interna
Medico consultor de Advance Medical

Deborah Blasco
Enfermera especialista en Nutrición
Enfermera consultora de Advance Medical