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Trastornos del sueño en personas mayores

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Introducción

Salud Mayores. Trastornos del sueño en personas mayores. Introducción

Se calcula que un tercio de la vida  se pasa durmiendo, ya que el sueño es esencial para el mantenimiento de las funciones corporales, especialmente las cerebrales.

El sueño se establece dentro de un ciclo regular de actividad corporal que se conoce como “circadiano” y que además del sueño-vigilia regula la tensión arterial, la secreción de ciertas hormonas como la cortisona o la temperatura corporal, entre otros.

El ciclo sueño-vigilia normal se produce de manera espontánea y periódica cada 24 horas, con 2 fases de sueño: la fase REM de movimiento rápido de ojo (del inglés Rapid Eye Movement) y la fase no REM, que se repiten 4-5 veces cada noche. La fase no REM es la reparadora; en ella hay varias fases: la 1 y la 2 son las de transición de la vigilia, superficiales; la 3 y la 4 son las más profundas. La fase REM es en la que se producen los sueños y es especialmente importante en el estado cognitivo.

A lo largo de la vida, la estructura del sueño se modifica. Conforme el individuo envejece la cantidad total de tiempo que se invierte en el sueño lento se reduce y en consecuencia aumenta el tiempo de sueño ligero (fases 1 y 2). También sucede que el primer período de sueño REM tarda más en establecerse y el tiempo total que se invierte en sueño REM se reduce.

En general los pacientes ancianos tardan más tiempo en dormirse y se despiertan más fácilmente, experimentan frecuentes despertares por la noche y a primera hora de la mañana, lo que les hace más proclives a echar siestas durante el día. Los cambios en el ritmo circadiano
también provocan que la conciliación del sueño sea más temprana en personas mayores. Todos estos cambios pueden conllevar un menor nivel de alerta y vigilancia diurnos, una excesiva tendencia a dormir durante el día, cambios de humor y un aumento del riesgo de caídas.

La duración total del sueño disminuye gradualmente, ya que a partir de los 50-60 años se duerme menos tiempo, con un sueño de peor calidad, al cursar éste con frecuentes interrupciones. Así, en líneas generales, el anciano suele dormir un promedio de 6 horas nocturnas y 1-2 horas diurnas frente a las 7-8 horas nocturnas de un adulto no anciano. Aunque en el anciano se prolonga el tiempo que pasa en la cama, estando un promedio de 8,5 horas en ella. Aumenta el número de siestas durante el día y existe una mayor somnolencia y fatiga diurnas.


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Aunque existen varias definiciones académicas, en términos prácticos, este trastorno del sueño por defecto se puede definir como "una dificultad para conciliar el sueño o para mantenerlo o incluso un despertar precoz, acompañados de una sensación insuficiente o no reparadora, que se presenta por lo menos 3 veces en una semana durante un mínimo de 1 mes, con las consiguientes repercusiones sobre la vigilia diurna, lo suficientemente graves para dar lugar a cansancio diurno y otros síntomas observables."

Los trastornos del sueño son problemas frecuentes e importantes en el anciano y de ellos el más relevante es el insomnio. Más del 50% de las personas mayores de 65 años que viven en su domicilio refieren tener problemas habituales con el sueño cuando se les pregunta, llegando a alcanzar cifras de alrededor de 2 de cada 3 en el caso de ancianos institucionalizados.

Si bien es reconocido que el sueño reconstituye y repara y que la consecuencia más importante de la falta de sueño es un aumento de la somnolencia diurna, su importancia radica también en que incide en el estado general de salud causando irritabilidad, mal humor, falta de concentración, deterioro de la memoria y, por consiguiente, una merma de la salud física y mental, con un intenso efecto negativo sobre la calidad de vida del anciano. Se asocia, además, a un incremento de la morbimortalidad a causa de una disminución del grado de alerta, causando, por ejemplo, accidentes de tráfico, domésticos, caídas, etc.

Asimismo, no se debe olvidar que estas alteraciones del sueño provocan un uso más bien indiscriminado de fármacos para dormir, dando lugar a una de las causas más comunes de reacciones adversas a fármacos entre los ancianos.

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Dra. Montse Queralt
Especialista en Medicina de Familia y Geriatría
Médico Consultor de Advance Medical