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La dieta en la diabetes

La diabetes mellitus afecta a un gran número de personas en todo el mundo. Aproximadamente un 3-6% de la población española es diabética. Y es un trastorno que conlleva un daño inmediato debido a que pueden alcanzarse cifras muy bajas de azúcar en sangre (hipoglucemia) y un daño a largo plazo debido a cifras persistentemente altas de azúcar en sangre (hiperglucemia). Por ello, se precisa de un estricto control del azúcar que el diabético tiene en sangre.

Pero, además del azúcar, en los diabéticos tipo 2 se añaden otros factores que aumentan las posibilidades de producir más daño a largo plazo en los órganos y tejidos. Son la hipertensión arterial, las alteraciones de las grasas de la sangre (colesterol y triglicéridos) y la obesidad. Por ello, se precisa también de un estricto control de estos factores en el diabético.

En el control del azúcar, de los triglicéridos, del colesterol, del exceso de peso, de la hipertensión arterial… la alimentación se constituye en un elemento esencial del tratamiento de estos pacientes, junto con la práctica de actividad física, la eliminación del tabaco y la toma de la medicación indicada por el médico.

Los objetivos prioritarios que la alimentación debe cumplir son los siguientes:

Evitar las complicaciones inmediatas y tardías: la hipoglucemia y la hiperglucemia, respectivamente.

Evitar o retrasar las complicaciones tardías: la lesión del riñón (nefropatía), la lesión de los nervios (neuropatía), la lesión de la retina (retinopatía), la lesión de la motilidad del tubo digestivo (gastropatía), y la lesión del corazón y de las arterias (enfermedades cardiovasculares).

Otros objetivos de la alimentación en la diabetes son el ser nutricionalmente completa (alimentación equilibrada), el adaptarse a los gustos del individuo, el favorecer su aceptación por el individuo (dado que será una alimentación para toda la vida), y el adaptarse a unos requerimientos marcados por la insulina o los fármacos antidiabéticos y por la actividad física que hace el individuo.

La prescripción de la alimentación en el individuo diabético debe acompañarse de una adecuada educación nutricional, es decir, al paciente se le deben dar una serie de consejos nutricionales encaminados a enseñar lo que es una alimentación sana y equilibrada, intentando corregir los errores que pueda tener el paciente y que pueden conducir a la larga a un fracaso de la misma. Dentro de estos consejos deberán incluirse las formas de cómo adaptarse a los cambios que puede producirse en cualquier circunstancia, por ejemplo, una comida social o un viaje.

La alimentación debe ir enfocada a cada paciente, es decir, se debe hacer una dieta personalizada. Se deberán tener en cuenta factores como:

si es una diabetes tipo 1 o tipo 2

si existe obesidad o sobrepeso

si existe alteración del colesterol y de los triglicéridos

la actividad física que hace el paciente

la actividad laboral que hace el paciente

si existen ya presentes complicaciones de la diabetes como nefropatía, neuropatía, gastropatía, etc.

No debemos olvidar que la alimentación recomendada en la diabetes mellitus es similar a la de cualquier persona que sigue una pauta de alimentación sana, es decir, reducir las grasas saturadas y los hidratos de carbono simples (de absorción rápida), reducir o eliminar las grasas trans, moderar el consumo de sal, aumentar el consumo de fibra, incluir frutas y verduras, tomar leche semidesnatada o desnatada… Aunque hay algunos aspectos diferenciales que comentaremos más adelante.

Las características de la dieta en la diabetes mellitus son:

Las calorías totales del día dependerán del peso, edad, ejercicio físico, y actividad laboral.

Las proteínas representan el 10-20% del total calórico diario. No se recomiendan las dietas ricas en proteínas.

Las grasas serán el 20-35% del total calórico diario, repartidas del modo siguiente:

Las grasas saturadas deben ser el 7% del total de calorías.

Las grasas poliinsaturadas deben ser el 7-10% del total de calorías.

Las grasas monoinsaturadas el resto.

Las grasas trans deben ser menos del 2% y, a poder ser, deben eliminarse de la alimentación del diabético.

Los ácidos grasos poliinsaturados del tipo omega 3 deben ingerirse en una cantidad de 2–3 g/día de aceite en forma de pescado. Esto se puede conseguir con el consumo de 200-300 gramos semanales de pescado azul.

El colesterol total de la dieta no será mayor de 300 mg/día y, a ser posible, inferior a 200 mg/día.

Los carbohidratos serán el 45-65% de la ingesta calórica total. No se recomiendan las dietas con pocos carbohidratos. Pero la mayoría (80-90%) deben ser hidratos de carbono complejos.

La ingesta de fibra será igual que la población general (alrededor de 35 g/día).

Sodio: Evitar cantidades excesivas. Simplemente quitando el salero de la mesa es suficiente.

Alcohol: Puede consumirse en cantidades moderadas si la diabetes está bien controlada y si no existe sobrepeso u obesidad. Hay que tener en cuenta que el alcohol aumenta el riesgo de producir hipoglucemias (no advertidas por el propio paciente) y aumentos de triglicéridos.

Vitaminas y minerales: Como en la población general. No dar suplementos en forma de pastillas.

Las particularidades en los pacientes diabéticos respecto a la población general son las siguientes:

En los pacientes diabéticos es fundamental la regularidad en el horario y en la cantidad de hidratos de carbono ingeridos en cada comida, y ello para poderse coordinar con la pauta de insulina o las dosis de pastillas (antidiabéticos) y con la actividad física. La administración de una dosis dada de insulina o del antidiabético se hará en base a un supuesto aporte de hidratos de carbono; este aporte de hidratos de carbono en aquella comida hará aumentar el azúcar en sangre y la cantidad de insulina o del antidiabético que se administre tendrá por objetivo controlar que el azúcar en sangre no se dispare con los hidratos de carbono ingeridos. Si se modifican continuamente la cantidad de hidratos de carbono o los horarios se llegarán a producir situaciones de hiperglucemia y de hipoglucemia. Por su parte, el ejercicio físico reducirá la cifra de azúcar en sangre, por lo que la alimentación deberá aportar más hidratos de carbono (y reducir el aporte de insulina o de antidiabéticos) para evitar situaciones de hipoglucemia grave.

En la diabetes mellitus tipo 2 es recomendable el repartir la ingesta de los hidratos de carbono en 5 ó 6 tomas al día, de tal manera que se limiten en la medida de lo posible los picos de azúcar en sangre tras la ingesta.

Algunas recomendaciones útiles son las siguientes:

Aunque el individuo diabético consuma alimentos sanos, por ejemplo legumbres, éstos pueden causarle problemas si los come en cantidades excesivas: hiperglucemias, picos de azúcar, ganancia de peso, y mal control a largo plazo del azúcar con aparición de complicaciones graves.

Los alimentos dulces (con hidratos de carbono simple o de absorción rápida) deben tomarse en cantidades pequeñas y sólo de vez en cuando.

Los alimentos con abundante fibra vegetal pueden disminuir las oscilaciones de la glucemia posprandial.

Utilizar edulcorantes alternativos al azúcar de mesa, como sacarina.

Seguir la alimentación saludable que el médico o dietista le recomendó.

Tomar los alimentos a la misma hora todos los días.

No se debe seguir una dieta monótona (mismos alimentos todos los días) ya que no puede ser seguida a largo plazo y, además, corre el riesgo de ser incompleta nutricionalmente.

Existen en el mercado productos comercializados como "alimentos dietéticos para diabéticos". En algunos de éstos se ha disminuido el azúcar pero la proporción de grasa es muy elevada, resultando hipercalóricos, además de ser perjudiciales si la grasa es saturada. En otros alimentos se ha sustituido la sacarosa por fructosa u otra clase de carbohidratos, a pesar de lo cual todos ellos mantienen un importante efecto hiperglucemiante. En general es preferible no recurrir a ellos.

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Dr. José Félix Meco
Especialista en Medicina Interna
Medico consultor de Advance Medical

Deborah Blasco
Enfermera especialista en Nutrición
Enfermera consultora de Advance Medical