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Esclerosis múltiple y dieta

La esclerosis múltiple (o esclerosis en placas) es una enfermedad neurológica desmielinizante, es decir, que produce la pérdida de la sustancia blanca (mielina) del cerebro y la médula espinal. Las neuronas son las células básicas del sistema nervioso central (cerebro y médula espinal) y se caracterizan por tener un cuerpo habitualmente de forma triangular que se continúa de un cilindro más o menos largo llamado axón a través del que viajan los impulsos nerviosos, es decir, la información que nos permite pensar, recuperar recuerdos, mover una extremidad, hablar... Los axones están rodeados de una capa grasa denomina vaina de mielina o, simplemente, mielina, que facilita enormemente la transmisión de esa información. La desmielinización es la pérdida de la vaina de mielina con relativa conservación de los axones. Morfológicamente, esta enfermedad forma lesiones ("placas") de tejido endurecido ("esclerosis"), visibles como manchas en la tomografía computerizada (TC) y en la resonancia magnética cerebrales. La afectación de la mielina hace que se retarde o se interrumpa la comunicación nerviosa. Las placas acostumbran a ser múltiples y pueden aparecer en cualquier parte del sistema nervioso central ("múltiple").

La causa de la esclerosis múltiple no es bien conocida; al parecer existe un ataque de los anticuerpos contra la mielina. Se ha especulado con algún factor ambiental desconocido que podría desencadenar el proceso de formación de anticuerpos contra la mielina en individuos susceptibles. Se sabe que el riesgo de padecer esclerosis múltiple parece ser mayor en los individuos con bajo peso para su altura y en individuos con un alto consumo de energía en forma de grasas animales (grasas saturadas).

La mayoría de los casos aparece entre los 20 y 40 años de edad, afectando más a las mujeres.

Los síntomas son diferentes y variados en las personas afectadas, si bien hay algunos que son más comunes:

Problemas oculares: visión doble, visión borrosa, movimientos incontrolados de los ojos, que pueden acompañarse de dolor por detrás de los ojos.

Dificultad para articular palabras.

Temblores.

Pérdida de fuerza y anomalías de la marcha y la coordinación, con dificultad para caminar, incapacidad de mantener el equilibrio y la coordinación, caminar arrastrando los pies, etc.

Pérdida de sensibilidad (hormigueos, pinchazos, acorchamiento) localizada en alguna parte del cuerpo.

Dolor en la cara y tics o espasmos dolorosos.

Pérdida del control para orinar o defecar.

Estos síntomas (todos o algunos) aparecen en forma de "brotes" y después desaparecer total o parcialmente. Los brotes suelen durar varias semanas. Los síntomas neurológicos pueden empeorar con la fatiga, el estrés, el ejercicio físico y el calor. Sin embargo, estos brotes pueden irse repitiendo en el transcurso del tiempo; aunque pueden pasar años entre un brote y otro. Otras veces, los brotes no desaparecen o sólo mejoran levemente y los síntomas neurológicos iniciales (como consecuencia de nuevos brotes) progresan a lo largo de años, produciendo incapacidad física (secuelas físicas), alteraciones emocionales, deterioro intelectual y problemas de memoria y concentración.

Sin embargo, hay formas de esclerosis múltiples asintomáticas. Son pacientes que nunca han presentado síntomas neurológicos pero al realizar una TC o una resonancia cerebrales por otro motivo se descubren placas, o bien, al hacer la autopsia se encuentran lesiones desmielinizantes en el sistema nervioso central.

La esclerosis múltiple es una enfermedad crónica y que puede llegar a ser invalidante y originar dificultades en la alimentación. El tratamiento nutricional, en estos casos, y ya desde los primeros momentos tras el diagnóstico, es muy importante. Las recomendaciones nutricionales son las siguientes:

Reducir la cantidad de grasas de origen animal (carnes rojas, salchichas y embutidos) así como los productos lácteos enteros. Son aconsejables la leche desnatada y los quesos blancos.

Eliminar toda la grasa aparente (el sebo de las carnes) y la piel antes de cocinar las carnes y las aves.

Utilizar técnicas como la cocción al vapor o en microondas, que reducen el contenido graso de los alimentos.

Las grasas animales se sustituirán por aceites vegetales (aceites de oliva, girasol, etc.) y pescado (dos o tres raciones de pescado a la semana como mínimo).

Consumir diariamente al menos dos piezas de fruta y dos raciones de verdura (una cruda y otra cocida).

Aumentar la ingesta de legumbres, cereales, pan, pasta y arroz integral.

Se pueden consumir hasta dos huevos por semana.

Las bebidas alcohólicas agravan la fatiga, la debilidad o los trastornos del equilibrio, por lo que se recomienda no ingerir bebidas alcohólicas. El alcohol se puede sustituir por agua, zumos naturales de frutas e infusiones.

En fases evolucionadas de la enfermedad, con dificultades físicas para utilizar los cubiertos o con problemas para tragar alimentos sólidos o líquidos, las ayudas desde el punto de vista nutricional pasan por las siguientes recomendaciones:

Cortar en pequeños trozos o triturar los alimentos.

Utilizar espesantes con los líquidos. Se pueden emplear espesantes de venta en farmacias, gelatinas o harina de maíz.

Administrar los alimentos en textura puré o papilla.

Ablandar los alimentos sólidos añadiendo líquidos (leche, caldo, salsas) para conseguir texturas suaves.

Modificar la forma de comer: ingerir cantidades pequeñas de alimento de una sola vez, masticar bien y lentamente, y dar tiempo suficiente para su deglución; no añadir alimento en la boca, sin haber tragado lo anterior.

Evitar los alimentos pegajosos y los que se dispersan por la boca, como las galletas.

No hablar al mismo tiempo que se está comiendo o bebiendo.

Adecuar la casa eliminando los obstáculos y adaptándola conforme evoluciona la incapacidad del paciente.

Pueden utilizarse los cubiertos adaptados, vasos y platos de plástico, baberos o servilletas grandes.

Elaborar dietas para comer con las manos, como croquetas, albóndigas o calamares a la romana.

Además de estos consejos nutricionales, se debe recomendar al paciente seguir un horario de comidas regular, mantener las actividades sociales y tener un descanso nocturno regular.

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Dr. José Félix Meco
Especialista en Medicina Interna
Medico consultor de Advance Medical

Deborah Blasco
Enfermera especialista en Nutrición
Enfermera consultora de Advance Medical