Nutrición y Salud

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Minerales y vitaminas

A las vitaminas y los minerales se les conoce como micronutrientes. No tienen una función energética, pero son imprescindibles para la vida porque intervienen en multitud de procesos y reacciones químicas dentro de las células.

Deben obtenerse en pequeñas cantidades a partir del ambiente (alimentos, sol) porque el hombre no puede sintetizarlas o no lo puede hacer a la velocidad necesaria para mantener la salud.

En el cuerpo humano se producen continuamente reacciones metabólicas. En estas reacciones se generan, entre otros, los llamados radicales libres, que son sustancias que lesionan la pared de las arterias y facilita la aparición de la placa ateromatosa.

En la diabetes existe una mayor producción de estos radicales y, por tanto, mayor estrés oxidativo. El estrés oxidativo se ha sido relacionado con un mayor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y lesiones en retina, riñón y nervios en los individuos diabéticos. Por ello, una ingesta adecuada de antioxidantes puede ayudar a reducir estos efectos negativos del estrés oxidativo en el diabético.

El organismo dispone de mecanismos antioxidantes naturales. Algunos de ellos lo constituyen algunas vitaminas: vitamina A (en su forma de beta-caroteno), la vitamina E (en su forma de alfa-tocoferol) y la vitamina C (como ácido ascórbico); y algunos minerales como el selenio, el zinc y el magnesio. Estos antioxidantes naturales se encuentran en su mayoría en las frutas y verduras. Una dieta variada y rica en estos alimentos proporcionará la suficiente cantidad de estas vitaminas y minerales para evitar el daño celular o, al menos, a reducirlo. Tener en cuenta:

Tomar 2-3 piezas de fruta al día, una de ellas del grupo de los cítricos.

Zumo: La fruta en forma de zumo produce rápidas elevaciones de la glucosa (es como si se tomara un sobre de azúcar), por lo que se recomienda mejor la fruta entera.

Sin embargo, aunque en el laboratorio de experimentación la administración de sustancias antioxidantes disminuye el estrés oxidativo y mejora la funcionalidad de la pared arterial, no se ha demostrado que la suplementación en diabéticos de estas vitaminas y minerales en forma de pastillas consiga esto. Por tanto, la recomendación es no administrar suplementos de vitaminas o minerales en forma de pastillas.

Sólo en dietas restrictivas para disminuir peso (< 1100 kcal/día) podría estar indicada la suplementación con algunas vitaminas.

Debemos hacer mención aparte al sodio (sal) y al potasio. Numerosos estudios documentan que una dieta rica en sal está asociada con un incremento de la mortalidad cardiovascular en diabéticos. Además, frecuentemente la diabetes tipo 2 se asocia a hipertensión arterial. Por todo ello, es conveniente reducir la ingesta de sodio (sal) en estos pacientes. Simplemente, quitando el salero de la mesa se puede reducir la tensión arterial entre 2-8 mmHg. Cuando además de la diabetes existe hipertensión moderada, la ingesta de sodio se limitará mucho más.

Las fuentes de sodio proceden de la sal común (salero), de alimentos a los que se les ha añadido sal (salazones, salmueras, olivas), de aguas minerales con gas, de algunas medicaciones, y de los aditivos alimentarios que añade la industria alimentaria. Durante el procesamiento de los alimentos pueden añadirse ingredientes (aditivos) con el objeto de mejorar su sabor y ayudar a su conservación. Los aditivos están en alimentos precocinados dispuestos para su consumo inmediato, las sopas concentradas y los cubitos para preparar caldo, pero también en otros alimentos poco relacionados aparentemente con un aporte adicional de sodio a la dieta como caramelos, productos de bollería, helados, goma de mascar, turrones, galletas y mazapanes.

Las recomendaciones en individuos diabéticos, hipertensos y no hipertensos, son las siguientes:

Moderación de sodio en todos los pacientes hipertensos sometidos a un tratamiento con pastillas para la hipertensión, porque en general los fármacos pierden parte de su eficacia cuando el paciente ingiere un exceso de sal.

Limitar la cantidad de sal añadida en los procesos de cocción.

Pueden utilizarse las sales de potasio, pero debe irse con precaución pues, aunque contienen un 50% menos de sodio, siguen aportando sodio y no deberían usarse cuando el paciente esté en tratamiento con ciertos como son los fármacos diuréticos ahorradores de potasio o los inhibidores de la enzima conversora de angiotensina (IECA).

Evitar o limitar los alimentos con alta cantidad de sodio: salazones, salmueras, conservas, aceitunas, aperitivos salados, alimentos precocinados, aguas gasificadas, quesos curados, embutidos, etc.

Leer las etiquetas de los alimentos envasados. Bajos en sodio son los que contienen menos de 140 mg de sodio (6 mEq) por ración.

Utilizar otros potenciadores del sabor como substitutos de la sal en la preparación de los alimentos: vinagre, limón, ajo, cebollas, especias o hierbas aromáticas.

No tomar aguas minerales con gas y vigilar la composición en las demás.

Los beneficios derivados de estas medidas dependerán de su cumplimiento a largo plazo. Restricciones muy severas se cumplen poco, por lo que, como regla general, o hay que restringir sino moderar el consumo de sal.

Otras medidas dirigidas a regular el control de la presión arterial son el incremento del potasio ingerido, siendo la estrategia preferible el aumentar el consumo de alimentos ricos en potasio (frutas y verduras) y no tanto el empleo de suplementos de potasio.

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Dr. José Félix Meco
Especialista en Medicina Interna
Medico consultor de Advance Medical

Deborah Blasco
Enfermera especialista en Nutrición
Enfermera consultora de Advance Medical