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Osteomielitis aguda y crónica

¿Qué es?

La osteomielitis es la infección de un hueso. Lo más frecuente es que la infección esté causada por bacterias o micro bacterias. La osteomielitis supone la producción de material inflamatorio dentro del mismo hueso, pus y, si no se controla, la destrucción del mismo hueso y el paso de la infección a los tejidos blandos que lo rodean o al exterior por fisuras y canales.

¿Cómo se produce?

La osteomielitis o infección ósea se produce por la llegada del microorganismo al hueso por contigüidad o por vía hematógena:

La osteomielitis por vía hematógena, se produce con la llegada del microorganismo a través de la sangre que nutre al hueso. Supone el 20% de las osteomielitis y acostumbran a ser las osteomielitis agudas. Las osteomielitis hematógenas agudas afectan principalmente a los niños y a los adultos mayores. En los niños, suele afectarse un solo hueso, que acostumbra a ser un hueso largo, especialmente tibia, fémur o húmero. En la mayoría de los casos se desconoce el foco primario de la infección. En el adulto suelen afectarse una vértebra de la columna. El foco primario de la infección puede ser una infección urinaria, una infección dental, o catéteres contaminados, aunque en un 50% de los casos se desconoce el origen.

La osteomielitis por contigüidad se produce porque el microorganismo llega al hueso cuando ya está infectando los tejidos vecinos, a través de heridas penetrantes o fracturas abiertas, o como complicación de una cirugía (colocación de una prótesis o colocación de tornillos, por ejemplo). Suelen diagnosticarse al cabo de varias semanas o meses, es decir, cuando ya son infecciones crónicas. Son las osteomielitis más frecuentes y suponen el 80% de todas las osteomielitis.

Síntomas

La osteomielitis hematógena aguda de los niños es una enfermedad grave, suele acompañarse de gran afectación del estado general, fiebre alta y dolor e hipersensibilidad en el hueso afectado. También puede estar limitada la movilidad de la zona.

La osteomielitis hematógena aguda del adulto con afectación vertebral, suele dar dolor de espalda y no hay afectación grave del estado general.

En las osteomielitis por contigüidad los síntomas son más inespecíficos: dolor en la zona afectada, supuración externa porque la infección sale del hueso y hace trayectos hasta la piel, infección de heridas quirúrgicas, úlceras de decúbito que penetran hasta el hueso, prótesis que empiezan a doler, etc. La fiebre no es frecuente.

Diagnóstico

Ante la sospecha clínica de osteomielitis, el diagnóstico se realiza mediante la radiología, los análisis de sangre y especialmente los cultivos de hueso o de la supuración si ésta existe.

Los análisis de sangre son inespecíficos, pero en las osteomielitis crónicas se siguen dos parámetros -la proteína C reactiva (PCR) y la velocidad de sedimentación globular (VSG)- que nos indican infección activa cuando están elevados.

En las radiografías aparecen cambios sugestivos de infección en la estructura del hueso; con el tiempo y si la infección no se controla, aparecen signos de destrucción del hueso. Las alteraciones radiológicas no aparecen hasta pasados un mínimo de 10 días y varían según el tiempo de evolución de la infección: pasa de lesiones casi imperceptibles hasta la total destrucción del hueso.

La gammagrafía ósea con Tecnecio es otra opción porque es muy sensible para diagnosticar la osteomielitis en sus fases tempranas pero menos específicas, sobretodo en los casos crónicos con destrucción de hueso. En estos casos puede ser útil la gammagrafía con leucocitos marcados.

La resonancia magnética o la tomografía computarizada también ayudan a determinar el grado de afectación del hueso.

Lo más importante delante de una osteomielitis es obtener una muestra del pus o hueso infectado para cultivar y determinar la bacteria que causa la infección antes de iniciar el tratamiento. Hay que realizar punciones del hueso o articulación afectada (mediante punción aspiración con aguja fina), cultivar el pus si este sale al exterior por supuración de las heridas quirúrgicas, y, en los casos agudos, siempre hay que cultivar la sangre. A veces hay que llegar a realizar una biopsia del hueso (procedimiento que se realiza en el quirófano).

Con el cultivo se determina el microorganismo que causa la infección y se puede ajustar el tratamiento antibiótico.
 

Tratamiento

El tratamiento de las osteomielitis se basa en los antibióticos y el tratamiento quirúrgico. El antibiótico mata la bacteria que produce la infección. El tratamiento quirúrgico es necesario para limpiar en hueso infectado o bien eliminar el hueso muerto.

En cuanto al tratamiento antibiótico, en este tipo de infecciones es necesario un tratamiento con dosis elevadas de antibióticos, pues puede ser muy difícil que éste llegue bien al hueso infectado. Por este motivo inicialmente se suelen administrar por vía endovenosa, por lo que puede requerir ingreso hospitalario. También es característico de este tipo de infecciones el tratamiento prolongado, de varias semanas o hasta meses en algunos casos.

En la osteomielitis hematógena aguda de los niños suele ser suficiente el tratamiento antibiótico durante 4 a 6 semanas.

En la osteomielitis vertebral del adulto suelen necesitarse entre 6 y 8 semanas de antibióticos. Siempre se recomienda reposo hasta que cede el dolor de espalda. No suele ser necesario el tratamiento quirúrgico si no hay complicaciones.

En las osteomielitis por contigüidad suelen ser necesarios entre 4 y 6 semanas de antibióticos para luego complementarlo con tratamiento quirúrgico y desbridar la infección de tejidos blandos subyacente o la lesión ósea secundaria.

En los casos de osteomielitis crónicas el tratamiento supone realizar ciclos prolongados de antibióticos e intervenciones quirúrgicas para desbridar el hueso infectado o eliminar el hueso necrótico o muerto. Pueden ser necesarias varias intervenciones quirúrgicas. A veces es inevitable acabar amputando la parte de la extremidad con hueso infectado, como sucede con las osteomielitis de los huesos pequeños de los pies de los diabéticos.

Es muy importante en las osteomielitis crónicas, que la persona mantenga un buen estado nutricional para facilitar la cicatrización de los tejidos blandos y los huesos.

En los casos de prótesis infectadas, se suelen tener que cambiar la prótesis una vez la infección está controlada.

Medidas preventivas

Es muy difícil prevenir las infecciones óseas, hay que pensar en ellas antes de que se produzcan y esto es tarea del personal sanitario. En las osteomielitis hematógenas cuyo origen son otra infección (dental, urinaria), lo lógico es pensar de tratar la infección primaria lo antes posible. Para minimizar el riesgo de osteomielitis por contigüidad de tejido blando infectado hay que extremar las medidas de higiene para curar úlceras o en las lesiones del pie diabético. En las fracturas abiertas o heridas penetrantes ya suele darse antibiótico para prevenir la infección aunque no siempre se consigue evitarla. Para prevenir las osteomielitis secundarias a intervenciones quirúrgicas hay que extremar las medidas de asepsia de la intervención, acortar los tiempos de cirugía, etc.

De interés

Una tipo de osteomielitis no muy frecuente pero tampoco inhabitual en nuestro medio es la osteomielitis tuberculosa, el llamado mal de Pott. Es una forma de osteomielitis de diseminación hematógena del adulto y suele afectar una vértebra de la columna. Se trata con los antibióticos habituales para la tuberculosis, durante varios meses.

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Dra. Miriam Anglada Oriol
Especialista en Medicina Interna
Medico consultor de Advance Medical