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5 motivos para ir al taller

Vista parcial de un hombre vestido con un mono azul sujetando dos llaves inglesas.
Acudir a un taller mecánico a tiempo ante cualquier avería es el mejor método de prevención para no sufrir problemas mayores que pueden incrementarse si seguimos usando el vehículo en malas condiciones. Por eso, es importante observar cualquier anomalía o escuchar con atención al coche, ya que los ruidos suelen ser el mejor indicativo de que algo no va bien, aunque no es lo mismo un ruido puntual que otro más continuado.
 
El mantenimiento del vehículo es crucial para hacer que los años no pesen en los coches y estos permanezcan seguros y fiables por más tiempo. Por eso, además de pasar las revisiones oportunas y contar con un Seguro de Coche que contemple todo tipo de situaciones, conviene vigilar de cerca si el automóvil sufre alguna de estas cinco averías que suelen formar parte de las reparaciones más habituales.
 

Cuándo ir al taller mecánico

1. Embrague defectuoso
 
El embrague es el mecanismo que transmite toda la potencia del motor a la caja de cambios del vehículo y permite separar o unir el giro del motor a la transmisión de forma manual, liberando así el movimiento hacia las ruedas motrices. Gracias a esto, se puede aumentar o disminuir la potencia en un determinado momento. Según la calidad, el fabricante o el uso y tipo de conducción que tengamos, la vida del embrague puede ser más o menos larga, pero si vemos que el coche no puede subir cuestas o que se revoluciona al cambiar de marcha, quizá haya llegado el momento de sustituir el embrague en una operación que puede rondar los 400 o 1000 euros. Pero es una reparación ineludible, ya que cuando se desgasta o deja de funcionar correctamente, puede patinar y dejar de hacer su trabajo y, como consecuencia, hacer que la conducción sea altamente peligrosa. 
 
2. Fuga de aceite
 
La pérdida de aceite en los coches es una de las averías más comunes y más fáciles de identificar, aunque esto no significa que sea fácil dar con la causa exacta que la origina. En el mejor de los casos, puede tratarse de una fuga por el cárter por algún problema con la arandela o el tornillo. Es este caso bastaría con apretar el tornillo o sustituir la arandela. Pero si el coche pierde aceite por la junta de la culata, entonces tienes un problema, ya que es una de las causas más graves, cuya reparación es costosa y complicada. Sea por el motivo que sea, es importante ir al taller si vemos que la pérdida de aceite es considerable, ya que es indispensable a la hora de lubricar el motor, lo que reduce la fricción, evita la corrosión y disminuye la temperatura del mismo.
 
3. Batería descargada
 
La batería del coche es la encargada de proveer de energía eléctrica al motor para ponerlo en marcha. Pero además, proporciona alimentación a los equipos eléctricos del vehículo cuando está parado o en caso de fuerte demanda. Una batería gastada dificulta el arranque del motor. Incluso puede originar una avería que impida completamente el encendido del mismo. Normalmente, la vida media de una batería suele rondar los cuatro años, aunque los expertos aconsejan cambiarla al primer síntoma de desgaste, como cuando notemos que el encendido del vehículo es mucho menos energético. En estos casos, lo más recomendable es llevar el coche al taller mecánico, donde podrán decirnos si ese es el problema- en cuyo caso cambiarán la batería-, o si se debe a las bujías de precalentamiento, al alternador o a otros elementos. 
 
4. Desgaste de las pastillas de freno
 
Las pastillas de freno son esenciales en el sistema de frenado del vehículo ya que proporcionan la fricción necesaria a los discos de freno para que, cuando accionemos el pedal, el coche se detenga. Pero si están gastadas, la distancia de frenado aumenta, lo que podría dar pie a derrapes y colisiones. Cuando las frenadas emiten un sonido chirriante significa que las pastillas se encuentran por debajo de su nivel de seguridad o, peor aún, que el propio disco de freno ha empezado a desgastarse. Por eso es importante efectuar revisiones periódicas y cambiarlas periódicamente –en función de los kilómetros realizados y el tipo de conducción-, ya que la seguridad de los pasajeros está estrechamente ligada a su buen funcionamiento.

5. Cambio de la correa de distribución
 
La correa de distribución es uno de los elementos más importantes de un vehículo, ya que sincroniza los cuatro tiempos del motor: apertura y cierre de las válvulas de admisión y escape y la función de encendido. Está fabricada con tela, fibra de vidrio, caucho y varios tipos de goma, y aunque tiene una vida larga, con el tiempo se cuartea hasta que finalmente se rompe. Si esto ocurre, puede causar problemas muy graves al motor. Por eso, no hay que esperar al último momento para sustituirla. Por lo general, el momento para proceder a la operación suele ser entre los 100.000 y 120.000 kilómetros, aunque el manual de cada vehículo indica el momento exacto en el que efectuar la sustitución.
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