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Cómo organizar los gastos en una casa compartida

dos chicas desayunando en la cocina de una casa
En la actualidad, un reducido porcentaje de la población puede adquirir un inmueble en propiedad o pagar el alquiler de un piso de forma independiente, por lo que una casa compartida se presenta como una de las soluciones al problema de la vivienda. Lo mismo ocurre cuando se planifica un viaje, donde compartir alojamiento con otras personas reduce significativamente el precio de esta partida. 
 
La principal ventaja de esta práctica radica en que los gastos de una casa se dividen entre todos sus habitantes y de esta forma es más sencillo hacer frente al desembolso periódico correspondiente al alquiler, luz, agua, gas, Internet, etc. 
 
Ya se trate de una pareja que vive junta o un grupo de amigos que comparten casa, una de las opciones más comunes para evitar posibles discusiones con los gastos consiste en que cada miembro ponga una cantidad determinada para establecer un fondo común. Por norma general, la cuantía debe ser la misma para todos, aunque si existe un alto grado de confianza es posible que se acepte la opción de que cada uno contribuya según su nivel económico. Así se evitan los malentendidos, ya que los gastos comunes de la casa compartida se extraen de dicha base. 
 

Otras formas de organizarse en una casa compartida  

Además de la opción anterior, cada casa compartida establece sus propias normas respecto al pago de los gastos. Por ello, también es posible encontrar viviendas donde el abono de las cuotas comunes se va alternando entre los diferentes miembros. De esta manera, cada vez una persona distinta se encarga de hacer la compra, pagar el alquiler y las facturas, etc. Dado que estos importes pueden variar de un periodo a otro, esta solución no es la más recomendable. 
 
En el caso de las parejas, lo más habitual es establecer un régimen de bienes compartidos, es decir, el dinero de ambas partes pertenece a los dos y no existe ningún fondo individual. Aunque esta idea es idónea para quienes ya han formado una vida en común, en otros supuestos es preferible decantarse por fijar un fondo general y el resto del dinero mantenerlo en cada cuenta bancaria individual. 
 
No obstante, independientemente del método elegido, la base para organizar los gastos en una casa compartida es la planificación. Esta tarea debe ser personal cuando se trata de personas que comparten piso o conjunta cuando es una pareja. En ambos casos es importante analizar los gastos teniendo en cuenta la capacidad adquisitiva para adaptarse lo máximo posible a esta última. 
 
En el supuesto de que se opte por una casa compartida para disfrutar de unos días de vacaciones, también es preciso considerar el ahorro que supone esta alternativa en comparación con alojarse en un hotel o apartamento de forma autónoma. Hoy en día, cada vez más personas se decantan en sus viajes por el alquiler vacacional de viviendas donde residen los propios dueños. Dado que esta solución no ofrece las comodidades y la intimidad que otros alojamientos, el precio que se debe pagar por el arrendamiento y el resto de gastos es considerablemente inferior. Sin embargo, antes de abonar la reserva es importante informarse sobre todos los pagos que será necesario realizar, ya que cada vivienda compartida de alquiler establece su propia normativa. 
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