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Dirimir los problemas de la comunidad de vecinos con mediación

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Los problemas en una comunidad de vecinos que pueden surgir son infinitos: desde el impago de las cuotas hasta el uso inadecuado de los elementos comunes, pasando incluso por la aparición de humedades o la desconsideración de las horas de descanso. Lo ideal sería que este tipo de situaciones se solventaran a través del diálogo, pero en muchas ocasiones no es posible y se empieza a pensar inmediatamente en acudir a los tribunales. Sin embargo, existe una solución intermedia que consiste en contratar los servicios de un mediador especializado en la resolución de conflictos en los edificios de propietarios. 
 
Para que todas las partes salgan beneficiadas gracias a la mediación es imprescindible que el profesional sea totalmente imparcial y neutral, y al mismo tiempo, respete la confidencialidad de toda la información que se le facilite. Para ello, es necesario que el mediador sea totalmente ajeno a la comunidad y que no tenga, o haya tenido, ningún tipo de relación con ningún vecino para garantizar su objetividad en el proceso. Su objetivo final es conseguir que los implicados en el problema alcancen un acuerdo constructivo para solucionarlo.  
 

¿Por qué recurrir a un mediador en una comunidad de vecinos? 

Los procesos judiciales se caracterizan habitualmente por durar demasiado tiempo, por lo que, para alcanzar una solución de una forma más sencilla, la mediación vecinal se presenta como una alternativa rápida, eficaz y económica. Si la conciliación se realiza de manera lícita, lo más probable es que los acuerdos logrados sean sólidos y duraderos en el tiempo.
 
Dado que resolver los problemas de una comunidad de vecinos no siempre es fácil, la mediación comunitaria se define como un proceso extrajudicial en el que los propietarios implicados tienen la oportunidad de conseguir que la resolución satisfaga a todos por igual gracias a que ellos mismos pueden ir controlando la situación, por lo que la decisión tomada finalmente será su responsabilidad. 
 
Según establece la Ley de Mediación en Asuntos Civiles y Mercantiles, “en el procedimiento de mediación se garantizará que las partes intervengan con plena igualdad de oportunidades, manteniendo el equilibrio entre sus posiciones y el respeto hacia los puntos de vista por ellas expresados, sin que el mediador pueda actuar en perjuicio o interés de cualquiera de ellas”. 
 
Algunas de las ventajas que ofrece la mediación vecinal frente a un proceso judicial son: 
 
  • El procedimiento de negociación es mucho más ágil y rápido, ya que simplemente es necesario contratar a un mediador y programar las reuniones que sean oportunas, sin sujeción a los extensos plazos que caracterizan a la vía judicial. 
  • Un mediador en una comunidad de vecinos supone un ahorro económico frente a las costas que se deben pagar en los tribunales. 
  • Las fases de un proceso de mediación vecinal se suelen aglutinar en 4 (identificación del problema, información a las partes, sesiones de mediación y firma del acuerdo), por lo que el tiempo que se tarda en solucionar el conflicto se reduce considerablemente. 
  • Si se cuenta con la ayuda de esta figura en el momento en el que surge el problema, es posible minimizar sus consecuencias y evitar que se originen mayores disputas. 
  • La flexibilidad en el proceso da lugar a que los acuerdos alcanzados satisfagan en mayor medida a todas las partes implicadas. En el caso de un proceso judicial, lo más habitual es que la resolución termine dando la razón a un vecino en perjuicio del otro. 
  • El acuerdo alcanzado en una mediación es igualmente vinculante para que todas las partes lo cumplan e incluso tiene validez jurídica y se puede elevar a escritura pública. 
  • Existen menos probabilidades de que se produzca algún incumplimiento del acuerdo, ya que las propias partes son quienes deciden su contenido por completo. 
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