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¿Corte de orejas en perros? No, gracias

cachorro de boxer
Tradicionalmente, hay muchas razas de perros que han visto sus orejas cortadas. Con el paso de los años, este aspecto ha sido asociado a dichas razas y muchos dueños consideran que se trata de la “apariencia correcta” para sus perros.
 
El origen de esta práctica se remonta al siglo XIX, cuando se desarrollaron las razas de perros de combate y aparecieron perros como el Bulldog, el Pit Bull, o el American Staffordshire; además de muchas mezclas que tenían un objetivo: aumentar su fuerza y resistencia en los lucrativos combates. Es decir, perros que a día de hoy son educados como mascota, pero que aún llevan consigo la denominación de perro potencialmente peligroso
 
En las feroces y sangrientas batallas, quienes enfrentaban a los perros se dieron cuenta de que las orejas son un punto frecuente de mordeduras, foco de desgarros e infecciones. Para evitar que sus perros fueran apresados por el cartílago, los mutilaban, eliminando la posibilidad de que feroces fauces se aferraran a ellos, ganando una ventaja competitiva.
 
En el caso de las colas, los perros que las veían acortadas eran especialmente los Terrier ingleses, perros pequeños de caza en madrigueras. Una cola corta servía a sus dueños para asirlos cuando se metían en un túnel, y poder retirarlos con su presa o si se encontraban en peligro. Como la caza era un deporte aristocrático, los perros con colas cortas eran, a su vez, un símbolo de distinción y su aspecto se popularizó, gracias a la pintura, la fotografía y los concursos.
 
Aunque son tendencias decrecientes en el mundo en 2017, todavía se efectúan peleas clandestinas de perros y todavía se permite la entrada a los concursos de perros con apéndices mutilados. Mientras perdure la aceptación de orejas y colas mutiladas, estas decisiones seguirán siendo tomadas por personas que no valoren el bienestar de sus mascotas.
 
Hoy por hoy, las peleas de perros son ilegales y las competiciones de estética están evolucionando en favor de perros con aspecto saludable antes que superficialmente bonito. Pero, por si la cuestión ética no fuera suficiente, hay dos grandes motivos por los cuales no cortar las orejas o el rabo a nuestros perros: 
 
El primero, que se aplica en ambos casos, es fundamental para la socialización del perro con otros de su misma especie: tanto las orejas como el rabo juegan un papel fundamental en la comunicación del perro, su posición y movimientos indican a los demás cómo se siente y pueden indicarnos a nosotros, como dueños, qué podemos hacer por ellos.
 
El segundo motivo es una cuestión de salud directamente relacionada con las orejas: algunos de los defensores del corte arguyen que previene las infecciones del oído. Nada más alejado de la verdad: las orejas son una barrera que actúa como protector de las partículas del mundo. No contar con ella aumenta el riesgo de infecciones. Además, las razas que más infecciones de oído tienen son los Caniches y los Spaniel, razas que no ven sus orejas cortadas.
 
Los que arguyen que un corte en los oídos les ayuda a escuchar mejor no entienden que un perro tiene una capacidad auditiva que supera con creces a la humana, haya cartílago de por medio o no, con lo cual, salvo indicación médica en casos muy específicos, es mejor evitar sumergir al perro en anestesia general e incrementar la posibilidad de alguna complicación en el procedimiento y de molestias por tenerlas vendadas durante semanas. Si tienes un perro de una de las razas de las que tradicionalmente se piensa que deben someterse a un corte de orejas, una decisión más sensata y ética es consultar con un veterinario que pueda determinar si hay razones de salud -y no de estética- para aplicar este procedimiento.
 
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