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Cómo elegir un plan de pensiones

Cinco columnas de monedas de menos a más, con un muñeco vestido de traje en la de menor cantidad y dos ancianos en la de mayor
Saber cómo elegir un plan de pensiones acorde a las necesidades de cada uno no es difícil, pero para elegir con éxito hay que tener en cuenta determinados aspectos. Para empezar, hay que recordar que un plan de pensiones es un instrumento financiero de inversión y ahorro encaminado a la jubilación, en el que el inversor hace aportaciones periódicas que le permitirán disponer de una renta o capital al llegar a la jubilación o, excepcionalmente, en casos muy concretos. 
 
Actualmente, a la vista de las negras previsiones sobre el sistema público de pensiones,  muchas personas comienzan a plantearse la necesidad de contratar un plan de pensiones para complementar la pensión de jubilación.  La creciente demanda de estos productos ha provocado que la oferta sea cada vez más amplia y variada. Por eso, antes de lanzarse al vacío, es conveniente saber cómo elegir un plan de pensiones que satisfaga nuestras necesidades y se adecue a nuestras posibilidades.
 

Cómo elegir un plan de pensiones

Para saber cómo elegir un plan de pensiones, hay que tener en cuenta algunos aspectos fundamentales: 
 

Contar con asesoramiento experto

Lo más prudente, cuando se trata de contratar un producto financiero, es contar con el asesoramiento de un experto. Sus consejos pueden evitar que cometamos errores de bulto a la hora de contratar un plan de pensiones, porque tendremos un conocimiento más exacto de las características y de las peculiaridades del plan. 
 
Podrá también aconsejarnos sobre la manera de repartir el ahorro entre planes de distinta categoría (renta fija, renta variable o mixta) y no a concentrarlo en un solo  plan, para diversificar la inversión a fin de correr menos riesgos y obtener mejores rendimientos.  
 

Prestar atención a la rentabilidad

Otra cuestión importante es prestar la máxima atención a la rentabilidad para no conseguir unos beneficios ridículos o, en el peor de los casos, perder dinero. Como lo que se pretende es ahorrar a largo plazo, la rentabilidad hay que mirarla también a largo plazo. 
 
Hay que analizar las rentabilidades medias históricas y no hacer mucho caso de los plazos cortos de tiempo, sino fijarse en cómo se comporta el plan en periodos superiores a cinco años, cuando ya se puede tener una idea bastante aproximada de la calidad del plan, y mejor aún a los diez años. 
 

Tener en cuenta las comisiones

El asunto de las comisiones no es baladí, porque pueden llegar a limitar el beneficio en porcentajes espectaculares de hasta un tercio de las plusvalías generadas. Es, pues, imprescindible recibir información clara y detallada sobre este aspecto –como marca la ley- antes de elegir un plan. 
 
Las comisiones de los planes de pensiones están limitadas por ley y son de dos clases: de gestión y de depósito. La comisión de gestión es la retribución a la tarea del gestor y debe estar en consonancia con esa labor. Dependerá, por tanto, del tipo de plan y del riesgo que asuma, es decir, un mayor riesgo requerirá más diligencia del gestor y, por lo tanto, una comisión mayor. Como referencia, la comisión de gestión media de los planes se sitúa en torno al  1,3 por ciento. 
 

No perder de vista la finalidad de plan

Hay que tener bien claro el fin por el cual se quiere contratar un plan de pensiones, para no perderse con el señuelo de los regalos que suelen ofrecer los bancos para atraer clientes. Los regalos suelen estar en proporción inversa a la rentabilidad del plan ofertado, es decir, a mayor regalo, peor plan. Por otra parte, los regalos ocultan ordinariamente una trampa, porque se limitan en exclusiva a ciertos planes e incluyen un compromiso de permanencia. 
 

Empezar el ahorro cuanto antes

Es recomendable empezar a ahorrar cuanto antes, porque así se logrará más fácilmente el objetivo. Pero se debe elegir el plan en función de la edad sabiendo combinar renta variable con renta fija. 
 
Si se ha empezado de joven, se puede optar por fondos de mayor riesgo que serán más rentables. En cambio, cuanto más cerca se está de la jubilación, es decir, del rescate del plan, menor es el riesgo que se deberá asumir. 
 
Para cada etapa de la vida existe un plan que debería modificarse a medida que esta vaya transcurriendo. Sería absurdo mantener a los 60 años el mismo plan que se tenía a los 40 porque el nivel de riesgo no es el mismo a una edad que a otra. 
 
La inversión no debe ser estática. En este caso, lo mejor sería cambiar de plan, al igual que debería ocurrir si el plan, independientemente de su clase o de la edad del inversor, no se comporta como lo que se esperaba de él. Es fácil hacerlo y sin coste fiscal alguno. 
 

¿Qué sucede si no hemos sabido elegir un plan de pensiones? 

Las consecuencias de no haber sabido elegir el plan de pensiones adecuado a nuestros intereses y a nuestras posibilidades pueden ser nefastas. Hay que tener presente que el dinero de los planes de pensiones no está garantizado. Por lo tanto, puede ocurrir que a la hora de rescatar el plan nos encontremos con la desagradable sorpresa de que tenemos menos dinero que el que hemos aportado a lo largo de todos los años, eso sin contar con los impuestos que habrá que pagar al rescatar el plan, que también restan. Entonces, la tan esperada época dorada de la jubilación podría convertirse en un fiasco.  
 
Para evitar esto, tanto si eres una persona previsora como si tu jubilación ya está próxima, tienes la posibilidad de contratar alguno de los Planes de Previsión Asegurado MAPFRE, que además de adaptarse a tus necesidades, te aseguran rentabilidad a su vencimiento.
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