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Cómo afrontar las enfermedades crónicas

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El diagnóstico de una enfermedad crónica es un momento difícil de encajar por el paciente y la familia, sin embargo, existen algunas pautas y consejos que pueden ayudar en este momento.

En primer lugar, recuerda que los avances médicos están ayudando a minimizar las principales consecuencias. Además, no todas las enfermedades crónicas son iguales; es cierto que algunas registran altos índices de mortalidad, pero otras tan solo consisten en un trastorno de larga duración que no ponen en peligro la vida.  Por ejemplo, el asma o la diabetes, son dos enfermedades que permiten llevar una vida cotidiana más o menos normal gracias al control médico, un buen tratamiento farmacológico y una serie de hábitos de salud.

¿Qué es una enfermedad crónica? 

Las enfermedades crónicas son afecciones de larga duración. En la mayoría de los casos, los síntomas van empeorando a medida que pasa el tiempo y normalmente no tienen cura, aunque se pueden controlar. Lo más habitual es que los pacientes vayan pasando por épocas en las que la enfermedad remite, acompañadas de recaídas. 

Aunque este tipo de trastornos casi siempre afectan a las personas mayores, en los últimos años se están repitiendo cada vez más en edades tempranas. Por lo tanto, la prevención es el pilar fundamental para evitar una enfermedad crónica. También, el diagnóstico precoz juega un papel determinante para poder seguir un tratamiento adecuado que ayude a reducir los efectos más peligrosos. 

¿Qué enfermedades son crónicas? 

Los tipos más comunes de enfermedades crónicas son: 

  • Cáncer. 
  • Artritis. 
  • Asma. 
  • Diabetes. 
  • Enfermedades pulmonares. 
  • Hipertensión arterial. 
  • Insuficiencia cardiaca. 
  • Colesterol. 
  • Cardiopatía. 
  • Derrame cerebral. 
  • Demencia
  • Depresión. 
  • Esquizofrenia. 
  • Parkinson
  • Esclerosis múltiple. 
  • Tiroides. 
  • Enfermedad de Crohn. 

Tratamiento de las enfermedades crónicas 

Es fundamental llevar un seguimiento exhaustivo de la evolución y estar atentos a cualquier cambio significativo que se produzca en la salud del enfermo. 

Además de seguir un tratamiento adecuado adaptado a las necesidades de cada persona para controlar la enfermedad, es muy importante seguir unos hábitos de vida saludable que incidirán de forma positiva en el estado anímico. 

Por otro lado, la terapia psicológica es imprescindible, sobre todo a lo largo de todo el proceso porque quienes sufren una enfermedad crónica también suelen padecer depresión y ansiedad. 

En función del tipo de trastorno, tanto la persona enferma como sus familiares deben estar preparados para lo que pueda acontecer en el futuro. En muchos casos, el deterioro progresivo que sufre el paciente le lleva a perder autonomía e incluso, llegar a una situación de incapacidad

Por ello, hasta que las circunstancias lo permitan es fundamental mantener la rutina de trabajo, ocio, autocuidado y relaciones sociales con el objetivo de sentirse activo durante el mayor tiempo posible. 

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