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La adopción

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La adopción es una decisión familiar que debe ser meditada y todos los miembros deben estar de acuerdo con este paso tan importante. En el caso de familias con hijos que desean adoptar a un niño, debe ser una opción consensuada por padres e hijos. Ante todo es un acto de amor.
Se puede decir que los hijos adoptivos son muy deseados. Es muy recomendable, cuando se ha tomado la decisión, hablar con otros padres que han adoptado o que están en proceso de adopción.

Los padres deben aceptar y asumir que ellos van a ser la familia adoptiva del niño y eso no se va a poder cambiar nunca, es una realidad desde el principio del proceso.

Normalmente, el proceso de adopción es largo, los padres deben pasar un proceso de selección estricto y en la última fase deben trasladarse unas semanas al país de origen del niño. Los padres deben aprovechar el tiempo que duran los trámites para pensar qué van a necesitar cuando llegue el niño a casa.
Lo  más importante es que el niño sea aceptado por su familia adoptiva tal y como es, con su realidad vivida previamente y sus características innatas. La adopción formará parte de su historia e, inevitablemente, pensará en ella durante toda su vida. Por ello es importante, la comunicación, la facilidad para expresar sentimientos y conversar de forma natural sobre el tema.

El niño adoptado no debe romper radicalmente con su “realidad anterior”, es bueno que conozca de dónde procede y que tenga algún recuerdo u objeto de su pasado. Es un nexo fundamental para iniciar una nueva vida partiendo desde una realidad ya conocida.

La situación de los padres adoptivos no es fácil pero puede ser igual de reconfortante que los padres de hijos biológicos. La relación con el hijo adoptivo se debe basar en el afecto, la escucha, la comunicación y la sinceridad, donde los sentimientos de padres e hijos puedan ser libremente expresados y donde se acepten las limitaciones de ambas partes. Es una manera fantástica de iniciar, establecer y fortalecer el vínculo paterno-filial.

La adopción necesita un tiempo de adaptación (el tiempo para establecer el vínculo emocional también es necesario en los hijos biológicos). Hay que valorar los factores que pueden influir en el proceso de establecimiento del vínculo: edad del niño, circunstancias que haya vivido, estado de salud…
Es normal que los primeros días nada salga como esperamos: la hora de comer es un desastre, no le gusta el baño o llora desconsoladamente al cambiarle la ropa. El niño debe acostumbrarse y adaptarse a las nuevas rutinas, con paciencia y cariño todo cambia en unas semanas.

Una de las cosas que más angustia a los padres adoptivos es el estado de salud del niño. Es imprescindible que  se lleve al niño al Pediatra para que conozca al niño, lo revise y le haga las analíticas o estudios necesarios para descartar enfermedad: analíticas, cultivos de heces, serologías… En la primera visita se debe aportar toda la documentación médica del niño y las vacunas que se le han administrado en el país de origen.

El niño adoptado tiene derecho a saber todo cuanto quiera y sea posible sobre su adopción y su historia de vida anterior (adaptado a la edad del niño, por supuesto). Contarle con sinceridad las circunstancias exactas de su adopción le ayudará a disipar fantasías de culpabilidad sobre el tema. Se puede hablar de cómo fue el encuentro, qué sintieron al abrazarlo la primera vez, como iba vestido, cuáles fueron sus primeras palabras al verles…

No se recomienda ocultar al niño que es adoptado, porque si algún día lo descubre se sentirá engañado y será mucho más difícil reparar el daño. El niño debe enterarse de que es adoptado por boca de sus padres, no por terceros; es una manera de infundir confianza en el niño y evitar que perciba la adopción como un proceso vergonzoso que sus padres le han querido ocultar. La palabra adopción no debe ser un tabú en la familia, se debe utilizar con un tono positivo y con naturalidad, sobre todo en los momentos en los que se está emocionalmente cerca del niño.

La adaptación del niño a la nueva familia

En todo proceso de adopción el niño pasa por diferentes fases que pueden durar más o menos (serán más breves cuánto más pequeño sea el niño).
Primero siempre hay una fase de angustia o estrés. En ella abundan los llantos, irritabilidad y problemas en las necesidades básicas del niño: comer y dormir. El niño siente dolor por el abandono y vive un cambio de realidad radical. Las rutinas en el niño le dan seguridad, anticiparse es sano para su bienestar emocional. El niño adoptado recién llegado, seguro que tenía otro tipo de rutinas en su país de origen, por lo que no es de extrañar que, el cambio (a pesar de que es a mejor), cause inseguridad en el niño las primeras semanas. La perseverancia en las rutinas y el afecto son las claves fundamentales para el éxito en la adaptación del niño.

Es fundamental el contacto físico y las muestras de afecto: abrazos, besos, caricias… Es una manera universal de demostrarle que es querido en la familia y le ayuda a estar seguro.

La segunda fase es la fase de adaptación. Los padres y el hijo deben conocerse mutuamente. Es el momento de ir probando los límites de lo que puede o no hacer, de lo que le puede esperar de las otros miembros de la familia… No nos hemos de olvidar que establecer límites también es necesario en los niños adoptados. Deben saber que hay unas normas básicas de respeto y que su comportamiento debe ser adecuado. Se deben aplicar los límites con firmeza suave. Es normal que en esta fase haya momentos de angustia por ambas partes.

En el niño adoptado aparecen sentimientos o miedos característicos como el miedo de ser abandonado de nuevo por la familia adoptiva, desconfianza hacia los adultos y la inseguridad de que nada es duradero.

La edad del niño es clave en el proceso de adaptación. Si se adopta a un bebé que no habla todavía los recuerdos casi no existen, tan solo a nivel sensitivo. Cuando se adopta a un niño que ya ha iniciado el lenguaje, ya hay recuerdos en su memoria. A medida que el niño es más mayor los conflictos emocionales y la angustia crecen por lo que puede ser necesaria la ayuda de un psicólogo en los procesos de adaptación difíciles o muy largos.

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Dra. Esther Martínez García
Especialista en Pediatría
Médico consultor de Advance Medical