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Artritis infecciosas

¿Qué es?

Es la inflamación de una articulación secundaria a la colonización de un germen, ya sean virus, bacterias, parásitos u hongos.

Producen una reacción inflamatoria de la sinovial con destrucción y supuración de la articulación afecta.

Cómo se produce

Los agentes infecciosos que con mayor frecuencia provocan las artritis sépticas, son:

Cocos gramnegativos: La artritis gonocócica (por gonococos) debe sospecharse en pacientes con promiscuidad sexual con antecedentes de infección por transmisión sexual en los últimos 30 días y aparición de artralgias migratorias, tenosinovitis y lesiones cutáneas características.

Bacilos gramnegativos: E.coli, Pseudomonas y Proteus entre los más frecuentes. Mayor incidencia en pacientes con enfermedades crónicas, enfermos tratados previamente con antibióticos, corticoides y/o citostáticos y en ADVP (adictos a drogas vía parenteral).

Hongos: en enfermos crónicos y/o inmunodeprimidos por Candidas y Aspergillus

Virus: por virus de la rubéola y virus de la hepatitis B

Micobacterias: en el 1% de los afectados por la tuberculosis (Mycobacterium tuberculosum). Aumento en pacientes con HIV.

Enfermedad Lyme: por Borrelia Burgdorferi, transmitida por mordedura de garrapata.

En función de la edad, los gérmenes implicados en las artritis infecciosas también varían. Así, durante la lactancia predominan las causadas por S. Aureus y enterobacterias; en menores de 5 años, la infección por Haemophilus influenzae (en no vacunados) es casi exclusiva de esta edad, entre los 15 y los 40 años predomina el gonococo y el S. Aureus, siendo éste último el germen más frecuente en los adultos > 40 años.

La vía de infección más frecuente en cualquier de estos grupos de edad es la hematógena (por la sangre) a partir de una puerta de entrada al organismo como puede ser la faringe, los senos paranasales, el recto, la uretra y el intestino.

Sintomatología

La forma más frecuente (90%) es monoarticular y aguda, y la rodilla es la articulación que se afecta con más frecuencia, seguida de la cadera, hombro, muñeca y tobillo.

Se manifiesta con dolor, enrojecimiento, calor local y limitación de la movilidad de la articulación afecta. En un 10% se afecta más de una articulación. Puede acompañarse de fiebre y escalofríos (hasta un 50% de las artritis gonocócicas presentan fiebre).

Las formas subagudas o crónicas sugieren una infección por hongos, brucela o micro bacterias.

Diagnóstico

Lo más importante es la sospecha clínica ante una sintomatología compatible en un paciente con factores de riesgo (enfermos crónicos, ADVP, HIV, inmunodepresión y antibioticoterapia previa entre los más frecuentes).

La identificación del germen a través de la artrocentesis (punción y aspiración del contenido articular) es el método de elección en las artritis periféricas. El cultivo de muestras de sangre (hemocultivos) seriados son de gran utilidad diagnóstica y se realizan durante los picos febriles de la enfermedad.

La radiografía al inicio de la enfermedad no muestra alteraciones, sí en cambio a las 2 o 3 semanas, en forma de estrechamiento de la interlínea articular y signos de osteoporosis hasta alcanzar lesiones más graves a partir de la 4ª semana en forma de erosiones articulares.

Las artritis víricas no producen alteraciones radiológicas y las causadas por hongos y micro bacterias lo hacen de forma muy lenta.

El TAC tiene interés para evaluar de forma más precisa la extensión de la destrucción articular, así como para alcanzar articulaciones difíciles de explorar con la radiografía convencional como son la articulación esternoclavicular, las sacroilíacas o las vertebrales.

Tratamiento

Es fundamental el inicio rápido del tratamiento para evitar alteraciones funcionales residuales de la articulación afecta, así como evitar la mortalidad asociada las artritis infecciosas (hasta un 10% de mortalidad en las no gonocócicas).

Se debe iniciar el tratamiento con antibióticos de forma empírica ante la sospecha clínica y después de haber extraído las muestras de líquido sinovial para los cultivos, que se mantendrá por vía parenteral las dos primeras semanas. Posteriormente se ajustará el tratamiento a los resultados de los cultivos. En función del agente infeccioso, el tratamiento tiene una duración variable, que engloba desde las 6 semanas en las artritis bacterianas no gonocócicas hasta los 6-12 meses en la artritis tuberculosa.

Durante los primeros días, la articulación debe permanecer en reposo, a los 2 o 3 días si la evolución es la correcta, se inician movimientos pasivos y posteriormente, movimientos activos y contra resistencia.

En ocasiones debe realizarse un drenaje de la articulación, que consiste en la evacuación de la misma mediante artrocentesis, de forma diaria. Está indicado en casos de mala evolución tras haber iniciado el tratamiento, en artritis de larga evolución sin tratamiento, en persistencia de cultivos positivos del líquido articular y ante la presencia de tabiques intraarticulares que dificultan el vaciado de la misma.

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Dra. Laura Cristel Ferrer
Especialista en Medicina de Familia y Comunitaria
Médico colaborador con Advance Medical