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Huesos, articulaciones y músculos

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Artrosis

LO QUE DEBES SABER...
  • La edad es el principal factor de riesgo (el 85% de la población anciana sufre artrosis).
  • El dolor es el síntoma más frecuente: empeora con la actividad y mejora con el reposo.
  • El tratamiento es sintomático: reposo en fase aguda con fármacos como paracetamol. Si no mejora, se aconseja añadir un fármaco antiinflamatorio no esteroideo (AINE).
     
¿Qué es?

La artrosis es una enfermedad no inflamatoria que se caracteriza por la degeneración del cartílago articular.

Es la segunda causa de incapacidad permanente después de las enfermedades cardiovasculares.

Su incidencia aumenta con la edad, y a partir de los 50 años predomina en mujeres. Aproximadamente el 85% de la población anciana sufre artrosis.
 

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Cómo se produce

Es resultado de alteraciones biomecánicas, metabólicas y relacionadas con las características celulares del cartílago y del hueso adyacente.

De manera inicial, una agresión, ya sea mecánica, genética, hormonal o de otro tipo, aumentan la liberación de enzimas que empiezan a degradar el cartílago. Posteriormente se intenta reparar con proliferación de células propias del cartílago pero éstas son de una calidad defectuosa. Aún existiendo aumento de actividad del cartílago artrósico, prevalece la degradación del mismo en el que intervienen otros elementos. El hueso adyacente responde con proliferación de los bordes de la articulación, lesión que ya se puede objetivar en pruebas de imagen como la radiografía.

La artrosis se clasifica en:

  • primaria: causa desconocida (la más frecuente)

  • secundaria: traumatismos, infecciones, enfermedades hereditarias...

Se consideran factores de riesgo para la artrosis: la edad, el sexo femenino, factores mecánicos, factores constitucionales y factores genéticos.

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Sintomatología

El dolor es el principal síntoma de la artrosis. Es un dolor de inicio insidioso y mecánico, que empeora con la actividad y mejora en reposo. Inicialmente puede mejorar después de cierta actividad, pero más tarde el dolor aumenta cuanto más se usa la articulación afecta de artrosis. En casos avanzados, el dolor puede ser nocturno y en reposo.

La rigidez articular aparece tras horas de inactividad, dura pocos minutos y desaparece con al movilización articular. También pueden referirse crujidos articulares, y con el avance de la enfermedad, llegar a producir deformidades articulares, inestabilidad articular, movilidad anormal de la articulación y/o derrame articular. Consecuentemente se produce una limitación funcional importante.

Diagnóstico

Debe basarse en la sintomatología, la exploración física y los signos radiológicos, descartando previamente otras enfermedades reumáticas.

A la exploración física se objetivan: crujidos articulares, dolor local, calor de la articulación, deformidad ósea, derrame articular y nódulos de Heberden y Bouchard, entre los más frecuentes.

La radiografía es la primera prueba a solicitar de las articulaciones que presenten síntomas o signos de artrosis. Es importante realizar una radiografía de la articulación contralateral.

Los signos radiológicos incluyen el estrechamiento del espacio articular, esclerosis del hueso subcondral, formación de osteofitos (prominencias óseas) marginales y alteraciones del contorno óseo.

Las pruebas de laboratorio no suelen mostrar ninguna alteración específica a no ser que exista una enfermedad asociada.

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Tratamiento

Es un tratamiento sintomático. Debe acompañarse de una información al paciente sobre la naturaleza de la enfermedad, enseñando al paciente a evitar sobrecargas, evitar posturas incorrectas y realizar un ejercicio adecuado.

El reposo está indicado en fases de dolor agudo junto a fármacos como el paracetamol. Si no mejora, se aconseja añadir un fármaco antiinflamatorio no esteroideo (AINE) durante un tiempo de aproximadamente 15 días. Los AINES tópicos (en forma de gel, spray, cremas) no han demostrado aumentar la eficacia sobre la vía oral.

Otros fármacos más nuevos como el sulfato de glucosamina y el condroitín sulfato son sustancias que de forma experimental han mostrado prevenir el desarrollo de la artrosis o enlentecer el daño en articulaciones ya afectadas, pero hasta la obtención de futuros estudios que avalen su eficacia, su uso no es aconsejado.

La cirugía debe valorarse en aquellos pacientes que presenten intenso dolor resistente al tratamiento, deformidad que dificulta la movilidad y una limitación funcional importante. La cadera y la rodilla son las articulaciones que más se benefician de la cirugía en forma de prótesis principalmente.

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Dra. Laura Cristel Ferrer
Especialista en Medicina de Familia y Comunitaria
Médico colaborador con Advance Medical