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Convulsiones febriles

Las convulsiones febriles son aquellas desencadenadas por la fiebre. Pueden suponer un momento muy angustioso para los padre aunque, normalmente, no son graves y no causan ningún daño al niño. Suelen darse en niños pequeños entre seis meses a cinco años de edad, siendo más frecuentes entre los 12 y 18 meses. Duran pocos minutos y, la mayoría, remiten sin tratamiento y no provocan ningún otro problema de salud. El hecho de que un niño haya tenido una convulsión febril no significa que vaya a desarrollar epilepsia o alguna otra lesión cerebral.

LO QUE DEBES SABER
  • Las convulsiones febriles simples son inofensivas y no dejan secuelas de ningún tipo.
  • Se desconoce la causa de las convulsiones febriles.
  • Si la convulsión dura más de 15 minutos puede ser peligrosa y se recomienda acudir a un neurólogo infantil.
Causas

La causa de las convulsiones febriles se desconoce aunque las evidencias sugieren que están relacionadas con determinados virus. Los niños con antecedentes familiares de convulsiones febriles tienen más probabilidades de tener este tipo de episodios y, aproximadamente el 35% de los niños que han tenido una convulsión febril, experimentarán otra (por lo general, durante el primer o segundo año posterior a la primera).

Síntomas

Durante una convulsión febril, el cuerpo del niño puede agitarse, hacer movimientos con las extremidades, quejarse o gemir; incluso puede perder la conciencia. En otros casos la  convulsión febril puede ser tan leve que simplemente se le volteen los ojos al niño o se le pongan rígidas las extremidades. Una convulsión febril simple se detiene por sí sola en cuestión de unos segundos hasta 10-15 minutos, generalmente seguidos de un período corto de somnolencia o confusión.

Las convulsiones febriles pueden empezar con una contracción repentina de los músculos en ambos lados del cuerpo del niño acompañada de:

  • Gemidos o lloros.
  • Contracción muscular que puede durar algunos segundos o más.
  • Movimientos de flexo extensión de las extremidades.
  • Caída si el niño está de pie y es posible que se orine.
  • Vómitos o mordisco de la lengua.
  • No respiración en algunos casos y posibilidad de ponerse cianóticos (piel con tonalidad azulada).
  • El cuerpo del niño puede empezar a sacudirse rítmicamente y no responderá a la voz de los padres.

Una convulsión que dure más de 15 minutos no es una convulsión febril normal y puede ser peligrosa. El hecho de que se repitan varias veces en menos de 24 horas o de las que el niño se recupere muy lentamente, deben considerarse como convulsiones febriles no típicas y requieren un estudio por parte del neurólogo infantil.

Diagnóstico

Para asegurarse de que es una convulsión febril y no otra enfermedad que se manifieste con convulsiones se tiene que:

  • Realizar una cuidadosa historia clínica para valorar que el desencadenante ha sido la fiebre y realizar una exploración neurológica al niño que debe ser normal.
  • Si hay sospecha de que sea una meningitis se realizará una punción lumbar.
  • Si ha habido diarreas o vómitos severos, la deshidratación puede ser responsable de las convulsiones.
  • Realizar pruebas para determinar la causa de la fiebre: exámenes de sangre y orina.
  • Descartar intoxicaciones y traumatismos craneoencefálicos.
  • En ocasiones será necesario la realización de un electroencefalograma y estudios de neuroimagen.
  • Los niños con convulsiones febriles complejas o atípicas, precisarán de un examen más cuidadoso por parte del neuropediatra.
Tratamiento

Durante la convulsión, hay que dejar al niño en el suelo siguiendo estas pautas:

1. Moverlo sólo si está en un lugar peligroso.
2. Quitar los objetos que puedan lesionarlo durante la convulsión.
3. Aflojar la ropa de cintura para arriba.
4. Si el niño vomita o si se le acumula saliva o mucosidad en la boca, ponerlo de lado o boca abajo. Esto es importante también si la lengua está obstaculizando la respiración.
5. No intentar meter nada en la boca a la fuerza para impedir que se muerda la lengua ya que esto aumenta el riesgo de lesiones. Tampoco detener los movimientos de la convulsión.
6. Si la convulsión dura más de 10 minutos, llamar al 112.



Cuando pare la convulsión y la fiebre empiece a bajar, se tiene que:

1. Insertar un supositorio de paracetamol (si lo tiene) dentro del recto del niño.
2. No intentar darle nada a través de la boca.
3. Poner paños fríos en la frente y cuello, y frotar con una esponja el resto del cuerpo con agua tibia (no fría). El agua fría o el alcohol pueden empeorar la fiebre.
4. Después de la convulsión, el paso más importante es identificar la causa de la fiebre y acudir a urgencias (sobretodo si es un primer episodio).
5. En algunos casos el pediatra o neuropediatra puede pautar alguna medicación anticomicial (para evitar las convulsiones), pero sólo se realiza tratamiento preventivo si:
     - La exploración neurológica es anormal transitoria o permanentemente.
     - Convulsión prolongada (más de 15 minutos).
     - Convulsión focal (no generalizada, sólo de una parte del cuerpo).
     - Convulsión recurrente en el mismo proceso febril, sobretodo en las primeras 24 horas.
     - Estado postcrítico prolongado.
     - Edad inferior a 12 meses.
     - Tercer episodio de convulsión febril.
     - Niños con anormalidades neurológicas (parálisis cerebral, entre otras).

Pronóstico

La primera convulsión febril es un momento aterrador para los padres y, la mayoría de ellos, tienen miedo de que su hijo muera o sufra un daño cerebral. Sin embargo, las convulsiones febriles simples son inofensivas y no existe evidencia de que causen muerte, lesiones cerebrales, epilepsia o problemas de aprendizaje. La mayoría de los niños superan las convulsiones febriles hacia la edad de 5 años.

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Dra. Esther Martínez García
Especialista en Pediatría
Médico consultor de Advance Medical