Bienestar

Hábitos de vida saludable

imprimir

Actividad física y obesidad

La obesidad es una enfermedad caracterizada por un aumento excesivo de la grasa corporal.
Se considera una enfermedad crónica entre cuyas causas se incluyen: factores genéticos, enfermedades endocrinológicas, estilo de vida, dieta, etc.
La herencia es un factor importante y se ha visto que los hijos de padres obesos tienen un riesgo diez veces superior a sufrir la enfermedad.  En la sociedad occidental se han descrito la gran influencia del estilo de vida, así como la dieta inadecuada (exceso consumo de calorías) y el sedentarismo (falta de actividad física) como los principales factores implicados en la aparición de obesidad.

El grado de obesidad se puede medir de diferentes formas. Una de ellas, la más utilizada, es la determinación del índice de masa corporal (IMC). Este valor se calcula dividiendo el peso corporal (en kilogramos) por el cuadrado de la altura (en metros). Se consideran valores normales entre 18'5 y 24'9; sobrepeso: entre 25 y 29'9; obesidad: entre 30 y 39'9 y más de 40 es sinónimo de obesidad mórbida.

A la hora de interpretar este índice se han de considerar factores como la raza, la masa muscular y la edad ya que pueden interferir en el resultado.  Así, este índice al no diferenciar entre tejido adiposo y tejido magro, una persona muy musculada y con poca grasa probablemente dará un resultado erróneo de obesidad.

Otras formas de medir la obesidad se llevan a cabo  mediante la medición de la circunferencia de cintura absoluta (>102 cm en hombres y >88 cm en mujeres indica obesidad) y el índice cintura-cadera (>1 en hombres y >0'8 en mujeres es sugestiva de obesidad).

La medición de la circunferencia de la cintura debe hacerse a la altura de la última costilla flotante y la de la circunferencia de cadera debe coincidir con el perímetro máximo de la cadera en los glúteos. Estos dos indicadores se usan para medir lo que se denomina obesidad central cuyos valores elevados están relacionados con distintas enfermedades cardiovasculares (tensión arterial, diabetes, enfermedades coronarias, etc).

Es importante conocer que la obesidad se considera un factor de riesgo de distintas enfermedades:

  • Cardiovasculares: Insuficiencia cardíaca congestiva, aumento de tamaño del corazón, varices, etc.
  • Respiratorias: Apnea obstructiva del sueño, enfermedad pulmonar obstructiva crónica.
  • Endocrinas: Diabetes.
  • Músculo-esqueléticas: Disminución de la movilidad, artrosis, dolores dorsales y lumbares, síndrome del túnel carpiano.
  • Gastrointestinales: Hígado graso, litiasis biliar, reflujo gastroesofágico, cáncer colorrectal.
  • Neurológicas: Accidente vascular cerebral (embolias).
  • Renales: Insuficiencia renal crónica.
  • Ginecológicas: Síndrome del ovario poliquístico, cáncer de mama, cáncer de útero, problemas de fertilidad.
  • Aparato génito-urinario: Hipogonadismo (en hombres), incontinencia urinaria.

Los pilares básicos en el tratamiento de la obesidad son la dieta y el ejercicio físico.

Las recomendaciones dietéticas incluyen principalmente reducir la ingesta de calorías (especialmente aquéllas que proceden de las grasas) y sustituir el consumo de grasas saturadas  por el de grasas insaturadas. Otros hábitos recomendables a seguir son el aumento en el consumo de frutas,  verduras, cereales integrales, legumbres y frutos secos (estos  dos últimos, con moderación).

Es recomendable ponerse en manos de un profesional que pueda realizar un asesoramiento  sobre la dieta, realice controles periódicos tanto para cuantificar la pérdida de peso como para supervisar el cumplimiento de la dieta y detecte cualquier dificultad o complicación que pueda derivarse del proceso.

En cuanto al ejercicio, el  indicado para la pérdida de peso es el de tipo aeróbico. Los ejercicios aeróbicos más comunes son caminar, correr, nadar e ir en bicicleta.  La frecuencia recomendada para  practicarlos es de tantos días como sea posible y la duración debe ser superior a los 20 minutos con una intensidad moderada.


Boletín de Noticias Canal Salud

La monitorización de la intensidad del ejercicio puede hacerse con la medición de la frecuencia cardíaca máxima (FCM). La FCM se define como el número máximo de pulsaciones que puede alcanzar un corazón sano con seguridad. Se determina de la siguiente forma:

  • FCM para hombres: 220- Edad
  • FCM para mujeres: 210- Edad

Así un hombre de 40 años tendría una FCM de 180 lpm (latidos por minuto).
Se considera ejercicio aeróbico moderado al realizado entre el 60% y el 70% de la FCM. En el ejemplo anterior, la frecuencia cardíaca en un ejercicio moderado se situaría entre los 108 y los 126 latidos por minuto. Si no es posible cuantificar la frecuencia cardíaca durante el ejercicio, se considera suficiente que la intensidad del ejercicio permita mantener una conversación sin jadear.

Si bien el ejercicio aeróbico es básico para perder peso, no hay que olvidar los ejercicios de musculación ya que el aumento de masa muscular se traduce en un aumento del metabolismo y en un mayor consumo de energía. Se recomienda hacer ejercicios de musculación un mínimo de tres días a la semana.

Por último

Es importante hacer ejercicios de flexibilidad. Como ya se ha comentado, la obesidad va asociada a una disminución de la movilidad y los  ejercicios de estiramiento ayudan a compensar este problema. Se recomienda hacer estiramientos al inicio y al final de cada sesión de ejercicio, sea de tipo aeróbico como de entrenamiento de fuerza.

Subir

Dr. Daniel Carmona i Sala
Especialista en Medicina de la Educación Física y del Deporte
Médico Consultor de Advance Medical