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Ventajas fiscales de tener un seguro de vida

Una niña y una mujer de espaldas y cogidas de la mano
A nadie le gusta imaginar lo peor, pero a veces conviene ser precavido y hacerlo para poder tomar decisiones acertadas. Asegurar la estabilidad económica de nuestra familia, en caso de fallecimiento, es uno de los principales beneficios de contar con un seguro de vida, pero también, nos permitirá cubrir los gastos derivados de una posible hospitalización prolongada a causa de una enfermedad grave. Además, existen otras ventajas menos conocidas tanto para los beneficiarios como para el tomador de un seguro de vida
 

Por qué tener un seguro de vida 

El principal motivo es, sin duda, la seguridad económica para los beneficiarios. Nada nos puede quitar el duelo que supone la pérdida de un ser querido, pero contar con un seguro de vida nos ayudará a que esa situación no lleve implícita una pérdida económica que cambie por completo el nivel de vida que llevábamos hasta entonces. 
 

Beneficios fiscales

Los seguros de vida conceden beneficios fiscales para el tomador. Por ejemplo, para los autónomos. Éstos pueden deducirse un máximo de 500 euros de las primas pagadas. O si la póliza tiene como objetivo continuar con el pago del préstamo hipotecario de la casa, ese gasto nos lo podremos deducir del Rendimiento del Capital Inmobiliario.
 
El capital está libre de impuestos. Los beneficiarios están exentos de pagar el impuesto de sucesiones y donaciones. De esta manera, sabemos que el capital contratado llegará en su totalidad a los destinatarios que hayamos elegido. 
 
Y no sólo eso: el beneficiario está libre de deudas. Cuando heredamos, recibimos los bienes, pero también las deudas del fallecido. Entonces, podemos elegir entre aceptar el paquete completo o rechazarlo también en su totalidad. Pero en los seguros de vida, el capital recibido tiene carácter inembargable. Es decir, el beneficiario no tiene que responder por las deudas del asegurado.
 
Además, nos podemos acoger a reducciones de la Base Imponible dependiendo del grado de parentesco del beneficiario. Si éste es un menor de 21 años, podrá deducirse 
15.956,87 euros, más 3.990,72 euros por cada año que le quede hasta llegar a esa edad. Si el hijo ya tiene los 21 cumplidos, o los sobrepasa, se deducirá 15.956,87 euros (algo que también ocurre si el beneficiario es el cónyuge, la madre o el padre). Cuando el 
destinatario del seguro sea un familiar de tercer grado, podrá deducirse 8.000 euros.
 
Los beneficiarios que presenten una minusvalía podrán aplicarse una reducción que irá desde los 48.000 hasta los 150.000 euros, dependiendo del grado de minusvalía.
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