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¿Cuándo conviene invertir en deuda pública o privada?

En el escenario actual, con el precio del dinero del BCE en el 0%, resulta difícil encontrar oportunidades muy rentables entre la deuda soberana europea, pero hay algunas opciones en deuda privada y en los bonos “high yield”

En un contexto de tipos de interés bajos y volatilidad en las bolsas, la renta fija es una alternativa de inversión prudente y, a priori, segura. No obstante, y como consecuencia de los dos factores anteriores, la rentabilidad que percibiremos es moderada. El mayor riesgo al que nos enfrentamos es que el emisor, sea este una empresa o un país, sufra problemas de impago y no pueda atender los compromisos pactados con los tenedores de deuda.

El factor principal que debemos tener en cuenta antes de decidir si invertimos en renta fija pública o privada es nuestro perfil inversor (moderado o agresivo). La ecuación de a mayor rentabilidad, más riesgo influye en la diferencia entre ambas modalidades de inversión, ya que la deuda corporativa ofrece, en términos generales, mayores intereses para perfiles con un menor nivel de aversión al riesgo. Tanto si invertidos en deuda soberana o en alguna de las opciones que ofrecen las emisiones de deuda corporativa, debemos revisar las calificaciones crediticias.

Una de las claves para elevar la seguridad de la inversión en renta fija, tanto pública como privada, es conocer el riesgo de impago, es decir, la probabilidad de que no recuperemos el capital invertido en su totalidad. Para ello, conocer de antemano los ratings que le otorgan las agencias de calificación (Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch) nos concede cierta ventaja competitiva. Un emisor con categoría superior a la A siempre pagará un cupón más bajo (incluso negativo, como Alemania, calificada como “triple A” por las agencias) que otro que esté dentro de la categoría de las B, pero su probabilidad de impago será menor.
Actualmente, la política de tipos de interés del Banco Central Europeo (BCE) y su estrategia de compra de bonos en el mercado secundario dificulta la búsqueda de grandes rentabilidades en la deuda pública europea. El nivel del precio del dinero afecta a los “cupones” (intereses de las letras, bonos y obligaciones) que abonan los emisores públicos, y la política ultralaxa del regulador bancario los mantiene estables.

Alemania, por ejemplo, tiene rentabilidades negativas y el bono a diez años “cobra” a los inversores que compran estos títulos en subasta. La referencia española a una década, en comparación, ofrece un cupón del entorno del 0,9%, mientras que Italia paga cerca del 2,6%. Por tenedores, aproximadamente el 45% de la deuda española en circulación está en manos de no residentes en España, según datos del Tesoro Público.

Un escenario de subidas de tipos de interés se traslada a las rentabilidades de los títulos de deuda pública, por lo que estos retribuyen más a los inversores que los compran. Al otro lado del Atlántico, por ejemplo, el aumento del precio del dinero por parte de la Reserva Federal (Fed) provocó un repunte de los intereses de los bonos soberanos de EE UU. Actualmente, el rendimiento de los títulos a diez años ronda el 2,4%, aunque se trata de una inversión recomendada para realizarse en dólares, para cubrir el riesgo-divisa y las potenciales pérdidas que podría provocar.

Opciones más rentables y con mayor riesgo

La búsqueda de rentabilidades nos puede llevar a contratar bonos high yield, que pagan mayores rentabilidades y tienen peor nota de solvencia. En este caso, el nivel de riesgo se asemeja al que tendríamos en renta variable. De la misma forma que en el caso de la deuda soberana, una empresa con buenos resultados y poco endeudada, ofrecerá unos bonos con menor riesgo y, por tanto, menor interés.

El riesgo de quiebra o impago, por tanto, siempre irá acompañado por una mayor rentabilidad en los títulos de deuda. Y otro factor que debemos tener en cuenta es que, a mayor plazo para el vencimiento (hay títulos de deuda a 50 años), mayores serán también los intereses que percibiremos.

Una de las opciones que está ganando un mayor peso en las carteras de los inversores es la deuda emergente, que ofrece buenas rentabilidades. Los emisores están menos apalancados que los de los países desarrollados, y los fundamentales que muestran son buenos.

Entre las opciones de inversión que encontramos por parte de emisores privados, la deuda bancaria es uno de los activos que más interés ha despertado en los últimos años. Los bonos convertibles en acciones han llegado a pagar en casos recientes rentabilidades superiores al 5%, lo cual es prácticamente utópico en el caso de las emisiones de deuda soberana.

Por tanto, la alternativa a la deuda pública está en los bonos corporativos, bien de empresas con buen nivel de rating, o en los high yield de emisores con calificación crediticia baja. Los títulos de deuda subordinada del sector financiero abonan cupones superiores al 7% en algunos casos. Como señalábamos antes, la clave reside en el riesgo que estemos dispuestos a asumir.

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